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didi10

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Una entrevista decisiva

Es recibido el teniente Garcia Guerrero en el despacho de Trujillo, el dictador de santo domingo (1891-1961)

El teniente Garcia Guerrero habia oido hablar desde niño, en su familia, en la escuela y, mas tarde, de cadete y oficial, de la mirada de Trujillo. Una mirada que nadie podia resistir sin bajar los ojos, intimidado, aniquilado por la fuerza qur irradiaban esas pupilas perforantes, que parecian leer los pensamientos mas secretos, que hacia sentirse desnudas a las gentes. El Jefe seria un gran estadista, cuya vision, voluntad y capacidad de trabajo habia hecho de la Republica Dominicana un gran pais. Pero no era Dios. Su mirada solo podia ser la de un mortal. Le basto entrar al despacho, chocar los tacos y anunciarse con la voz mas marcial que pudo sacar de su garganta – “! Teniente Garcia Guerrero, a la orden, Excelencia!”- para sentirse electrizado. “pase” dijo la aguda voz del hombre que escribia sin alzar la cabeza. El joven dio unos pasos y permanecio firme, sin mover un musculo ni pensar, viendo los cabellos grises alisados y el impecable atuendo- chaqueta y chaleco azul, camisa blanca de inmaculado cuello, corbata sujeta con una perla.

- una buena hoja de servicios, teniente – lo oyo decir.

- muchas gracias, Excelencia.

- Esa hoja de servicios tan buena no puede mancharla casandose con la hermana de un comunista. En mi gobierno no se juntan amigos y enemigos.

Hablaba con suavidad, sin quitarle de encima la mirada taladrante.

- El hermano de Luisa Gil es uno de esos subversivos del 14 de Junio.?Lo sabia?

- No , Excelencia.

- Ahora lo sabe – se aclaro la garganta, y , sin cambiar de tono , añadio: Hay muchas mujeres en este pais. Busquese otra.

-Si , Excelencia.

Lo vio hacer un signo de asentimiento, dando por terminada la entrevista.

- Permiso para retirarme, Excelencia.

Hizo sonar los tacos y saludo. Salio con paso marcial, disimulando la zozobra que lo embargada. Un militar obedecia las ordenes, sobre todo si venian del Benefactor y Padre de la Patria Nueva, quien habia distraido unos minutos de su tiempo para hablarle en persona. Si le habia dado esa oredn a el, oficial privilegiado, era por su propio bien. Debia obedecer. Lo hizo, apretando los dientes. Su carta a Luisa Gil no tenia una sola palabra que no fuera verdad: “con mucho pesar y aunque por ello sufran mis sentimientos, debo renunciar a mi amor por ti, y anunciarte adolorido que no podemos casarnos. Me lo prohibe la superioridad, en razon de las actividades antitrujillistas de tu hermano, algo que me habias ocultado. Entiendo por que lo hiciste. Pero, por eso mismo, espero que tu tambien entiendas la dificil decision que me veo obligado a tomar, en contra de mi voluntad. Aunque siempre te recordaré con amor, no volveremos a vernos. Te deseo suerte en la vida . no me guardas rencor”

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