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Salut Tt Le Monde C Pour 2m1 Un Peu D'aide Svp


orele74

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Piedad era de estatura mediana, màs baja que alta y robusta sin llegar a ser gorda, un cuerpo redondo de carne dura, tan dura que mis dedos jamàs acertaron a darle un buen pellizco de esos retorcidos, pellizquitos malagueños los llamàbamos entonces. Ella sì me pellizcaba, jugando , para hacerme rabiar, pero luego me besaba, me daba cientos, miles de besos, en el pelo, en la frente, en las mejillas, besos rotundos,su boca clavàndose en mi cara hasta hacerme casi daño,y besos sonoros, los labios fruncidos para emitir un pitido agudo y crujiente, besos sueltos o series de seis, siete besos breves y ligeros, clàlidos y dulces, nadie, nunca, me ha besado tanto como Piedad.

Sé que cuando yo nacì todavìa no habìa empezado a trabajar para mis padres, y sin embargo, apenas conservo recuerdos de mi infancia que no le pertenezcan también a ella. Piedad me despertaba por las mañanas, Piedad me vestìa y me peinaba, me daba de desayunar y me hacìa el bocadillo para el recreo antes de llevarme al colegio. A la salida, por la tarde, me estaba esperando con la merienda al lado de la verja,y si tenìa tiempo, me llevaba al parque, y luego me quitaba el uniforme, y me ponìa un babi, y me daba làpices y un cuaderno para que dibujara en la mesa de la cocina mientras ella terminaba de planchar, repartiendo su atanciòn entre el trabajo y los consultarios sentimentales de la radio, el transistor siempre encendido, siempre a mano. Piedad me bañaba y cenaba conmigo, me obligaba a lavarme los dientes y me arrastraba hasta la cama, y se sentaba en le borde a contarme unos cuentos muy raros de pastores y de ovejas, en los que no habìa princesas, ni siquiera niños y niñas, sòlo mozos y mozas que comìan pan con tocino, y las brujas no tenìan poderes pero eran unas mujeres muy malas y muy avaras, que en vez de echar maldiciones subìan las rentas todo el tiempo, y no habìa hadas, y por eso los buenos perdìan casi siempre , pero a pesar de todo, a mì me encantaban los cuentos que se sabìa Piedad, quizà porque nadie, nunca, me contò otros.

En aquella época, mis amigas y yo dedicàbamos el recreo de todas las mañanas a perseguirnos por el patio para cogernos las una a las otras. No recuerdo el nombre de aquel juego, pero sì una de sus reglas principales, que establecìa ciertos lugares seguros para cada jagadora, refugios imaginarios que bastaba alcanzar para ponerse a salvo. Al llegar a cualquiera de esos puntos un alcorque, un poste, un tramo de la pared o un barrote de la verja, siempre gritàbamos !casa!, no tanto para avisar a la perseguidora de turno como para desalentarla, y entonces, al gritar !casa!, yo siempre pensaba en Piedad, porque eso, exactamente, era Piedad para mì, un lugar en el que ningùn enemigo me capturarìa jamàs, un castillo blando y caliente como una cama recièn hecha, unos labios que siempre me besarian, unos brazos que nunca dejarìan de abrazarme , màquina de querer que funcionaba a tope, siempre igual, cuando me portaba bien y cuando me portaba mal. Piedad era ! casa!, era mi casa y era el mundo.

Aparte, al otro lado del pasillo, vivìa mi familia.

j'aimerai juste un peu d'aide pour comprendre le texte parce que je galere trop

merci d'avance @+

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