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Ayudarme Para Hacer "oral" Traducir Y Otra Cosa Con Los Textos


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Posté(e)

Rédaction

Eugène BESNARD-JAVAUDIN

Terminale LV1-LV2

Liste de textes à présenter à l’oral du baccalauréat

Recueil des textes

Session 2010

Recueil Bac

Liste de textes

7-ES01-LTPA00-09

Espagnol

Ce cours a été rédigé et publié dans le cadre de l’activité du Centre National d’Enseignement à Distance, Institut de Rennes.

Toute autre utilisation, notamment à but lucratif, est interdite.

Les cours du Cned sont strictement réservés à l’usage privé de leurs destinataires et ne sont pas destinés à une utilisation

collective. Les personnes qui s’en serviraient pour d’autres usages, qui en feraient une reproduction intégrale ou partielle,

une traduction sans le consentement du Cned, s’exposeraient à des poursuites judiciaires et aux sanctions pénales prévues

par le Code de la propriété intellectuelle. Les reproductions par reprographie de livres et de périodiques protégés

contenues dans cet ouvrage sont effectuées par le Cned avec l’autorisation du Centre français d’exploitation du droit de

copie (20, rue des Grands Augustins, 75006 Paris).

Référence : 7-ES01-LTPA00-09

Imprimé au Cned - Institut de RENNES 7, rue du Clos Courtel 35050 RENNES CEDEX 9

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Avertissement

Liste des textes :

Ci-après, les instructions à suivre selon votre type d’inscription.

➠ Inscrit en classe complète réglementée

ou en complément d’enseignement

Vous devez présenter la liste de textes du Cned figurant dans ce livret. Vous êtes autorisé(e) à rayer un

certain nombre de textes selon les exigences de votre série et de votre niveau : LV1, LV2 ou LV3 ou

langue facultative (voir page suivante).

Attention Les exigences ne sont pas formulées en nombre de textes, mais en nombre de pages, indiqué à côté

de chaque texte.

Cas d’un redoublant en classe complète réglementée :

Vous devez présenter les textes de la liste Cned de l’année en cours, même si vous avez travaillé sur

d’autres textes l’année précédente.

Cas d’une inscription en cours d’année en classe complète réglementée :

Si vous vous inscrivez en cours d’année scolaire (alors que vous avez débuté votre année dans un lycée),

vous avez le droit de panacher des textes de la liste Cned et des textes étudiés dans votre établissement

d’origine. Dans ce cas, envoyez par courrier une photocopie de votre nouvelle liste ainsi que les textes

hors liste Cned que vous présentez au tuteur de la discipline concernée. Si votre liste est conforme aux

exigences de l’examen, il vous fournira une attestation à présenter le jour de l’épreuve.

➠ Inscrit en candidat individuel, à inscription libre

Si vous êtes inscrit en candidat individuel (c’est-à-dire en classe complète libre ou en cours à la carte),

vous pouvez présenter soit la liste Cned, soit votre propre liste - ou aussi modifier la liste

Cned à condition que cette nouvelle liste soit conforme à la réglementation de l’examen (nombre de

pages, longueur des textes…).

Attention Le Cned ne pourra en aucun cas signer une liste personnelle ou une liste Cned modifiée. Il est inutile

d’appeler les tuteurs téléphoniques pour le leur demander.

Recueil Bac-ES01-09

Recueil Bac-ES01-09

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Ministère de l’Éducation Nationale

Centre National d’Enseignement à Distance

Institut de Rennes (035 2154 B)

Baccalauréat, session 2010

Liste de textes présentés en : ESPAGNOL - ES01 - LV1-LV2

(Les textes sont à présenter avec un document iconographique contenu dans le cours.)

N.B. : Le candidat est autorisé à rayer au stylo bille noir de cette liste un certain nombre de textes en fonction de sa série et du

niveau de langue en conformité avec les instructions ministérielles, dont le candidat a été informé par le Cned.

Le jour de l’épreuve, le candidat devra se munir de deux exemplaires de chaque texte : un pour lui-même et un pour

l’examinateur.

Titres Références

1. Una granada contra el «corralito» El País, 24/01/2002 (España) + foto manifestación callejera 1 page

2. Remesas Ricardo Ávila, Mundo Avianca, abril de 2002 + foto escaparate de la Western Union 1 page

3. ¿Es Cuba una puerta abierta al SIDA? Dalia Acosta cimac / La Habana - martes 14 de octubre de 2003 + foto

«una jinetera en Cuba» 1 page

4. Pájaro tropical Mario Vargas Llosa 15/06/1992. El País + cartel de promoción turística «enamórate de nuestra isla» 1,5 page

5. No son extranjeros, son turistas El Semanal, 17/08/1998 + Cartel francés promocional de turismo. 1,5 page

6. Discurso del rey Juan Carlos del 11 de marzo de 2004 diario El Mundo, 12 de marzo de 2004 + foto

del rey Juan Carlos durante su discurso. 1,5 page

7. Terribles vacaciones, Carmen Rico GODOY, Cambio 16, 15/08/1994 + dibujo de Juan Ballesta. 1 page

8. Tiruliru Rosa MONTERO, El País, 21/05/2001 + fotos de dos centralitas telefónicas, una antigua y otra moderna. 1 page

9. El camello Gabriel García Márquez, Prólogo al Diccionario Clave, 1996 + artículos de la enciclopedia Wikipedia 1 page

10. Máscaras mexicanas Octavio Paz, El laberinto de la soledad, Máscaras Mejicanas, 1950 + una foto

y un cuadro (Orozco) 1,5 page

11. Capítulo I Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, cap. I + «Cartel de propaganda : el hogar para los niños refugiados» 1,5 page

12. Capítulo III Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo III foto «Plaza de Sant Agusti Velle» Barcelona, 1946. 1,5 page

13. Capítulo VI Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo VI + foto «Juan Carlos y Franco» 1,5 page

14. Capítulo IX Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo IX + datos sobre los 25 años del régimen

franquista,1939-1964. 1,5 page

6 Recueil Bac-ES01-09

15. Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse caballero Miguel

de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, parte I, capítulo III, 1605 + fotos

«La venta del Quijote» 1,5 page

16. Fragmento del capítulo XVII, parte II (1615) Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don

Quijote de la Mancha, Parte II - capitulo XVII, 1615 + fotograma de la adaptación del Quijote en

TVE 1,5 page

Le candidat sera porteur, en vue de l’interrogation, des textes figurant sur cette liste.

Le Professeur-rédacteur Le Directeur

Eugène BESNARD-JAVAUDIN M. DANDIN

Recueil Bac-ES01-09 7

Una granada contra el «corralito»

Un jubilado argentino entra armado en una sucursal bancaria y obliga a los empleados a que

le entreguen sus ahorros.

La desesperación de los ciudadanos argentinos para poder disponer de sus ahorros y sacarlos

del bloqueo bancario al que se encuentran sometidos por ley (el corralito), se reflejó ayer en un

dramático episodio vivido en la localidad de Tandil, a unos 400 kilómetros al norte de Buenos

Aires, donde un hombre de 62 años se presentó en la agencia del banco Bansud y convenció

a los empleados de que le reintegraran la totalidad de sus ahorros tras esgrimir una granada

de mano que amenazó con hacer explotar.

Norberto Roglich fue ayer tal vez el único argentino que logró retirar del banco 22.000 dólares

en efectivo (24.691 euros), aunque la tranquilidad le duró poco, ya que fue detenido por la

policía acusado de extorsión y tenencia de arma de guerra. Roglich aseguró que la granada

no funcionaba y que no entendía muy bien qué pasaba. «Hasta ayer podía circular libremente

por Tandil, y hoy estoy arrestado», dijo.

El incidente se produjo el mismo día en que entraron en vigor en toda Argentina nuevas

normas que flexibilizan la disponibilidad de los fondos del 78% de los depósitos congelados

en todo el país. La nueva normativa permite retirar 5.000 dólares que deben ser convertidos

en pesos al cambio oficial y además, se ordena el desbloqueo de cuentas para el pago de

salarios, impuestos y cancelación total o parcial de deudas.

El País, 24/01/2002 (España).

Manifestación en Buenos Aires contra el «corralito», enero de 2002. © RAGGIO / BETHA / SIPA.

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Remesas

Cada dos meses Elvia García tiene una cita1 a la que no puede faltar. De manera casi religiosa

esta colombiana que trabaja en Los Ángeles acude a la oficina local de Western Union

para enviarle un giro de dinero a su familia en la ciudad colombiana de Cartago. «A veces

son quinientos dólares y otras, trescientos. Por más difícil que me toque, no puedo dejar de

mandarle algo a mi mamá», dice.

Al igual que Elvia, millones de inmigrantes en las más diversas latitudes cumplen periódicamente

el mismo ritual. De hecho un informe reciente del Fondo Multilateral de Inversiones,

FOMIN, reveló que las remesas que realizaron los latinoamericanos que viven fuera de sus

países de origen ascendieron a la nada despreciable suma de 23.000 millones de dólares

durante 2001, una cifra equivalente al 40% de toda la inversión extranjera que recibió la

región en el mismo período.

Lo ocurrido es consecuencia directa de los altos niveles de inmigración latina en diversos países.

Aunque se calcula que el 80% del dinero sale de Estados Unidos, también hay minorías

importantes en España, Francia, Italia o incluso Japón.

Según un estudio de la firma Bendixen & Associates, cerca de 10 millones de latinos envían

remesas de dinero entre siete y ocho veces al año y la suma promedio de cada giro es de

US$200. Por cada transacción el pago se acerca al 15%, aunque éste varía según el país de

destino y la cantidad.

En total, el FOMIN calcula que las empresas de giro de dinero recibieron ingresos por 3.000

millones de dólares durante 2001. De manera que si este costo se puede reducir en una tercera

parte, la suma neta que llegaría a América sería mucho mayor.

Ésa sería una gran noticia para Elvia García. Sin muchas opciones para mandar el dinero tuvo

que acostumbrarse a pagar la comisión que le cobran o conseguir que, de vez en cuando, algún

compatriota que viaje a Cartago le haga el favor de llevarle un sobre con dólares a su familia.

«He hecho cálculos y el año pasado pagué casi US$400 por enviar la plata. Si me pudiera

ahorrar la mitad esa misma plata llegaría a Colombia», dice mientras examina su billetera y

hace cuentas sobre cuánto tiempo le queda para mandar la próxima remesa.

Ricardo Ávila, Mundo Avianca, abril de 2002

Una sucursal de la Western Union, en los Estados Unidos. D.R.

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¿ Es Cuba una puerta abierta al sida ?

El sexo desprotegido que practican muchas personas en Cuba, incluso aquellas que se dedican

a la prostitución, se convierte en una puerta abierta de par en par a las enfermedades de

transmisión sexual, incluida el SIDA.

Estudios realizados desde inicios de la década de 1990 en grupos pequeños de prostitutas

coinciden en que en la gran mayoría de los casos, las mujeres que venden sus favores sexuales

en la isla no exigen el uso del condón al cliente.

Aunque no se conoce de investigaciones entre hombres con conductas prostituidas, al parecer

en la mentalidad masculina también triunfa el rechazo al preservativo por la concepción

bastante generalizada en Cuba de que inhibe el placer. (…)

Entre enero y noviembre del año 2001, fueron detectadas en Cuba unas 30 personas con

conductas prostituidas. « En ese grupo el número de hombres infectados es muy superior

que en el de las mujeres », reveló [el doctor Jorge Pérez, director del Instituto de Medicina

Tropical Pedro Kourí.]. (…)

LAS CIFRAS

Hasta finales de noviembre del 2001 se habían detectado 3 775 personas seropositivas al VIH,

de los cuales 1 460 habían enfermado y 941 muerto, de ellos 57 por causas ajenas al sida. De

las 2777 personas que viven con el VIH, el 77,9 por ciento son hombres.

Con más de 11,2 millones de habitantes, Cuba reporta 0,03 por ciento de infección por VIH,

el índice más bajo de la región de América Latina y el Caribe, según informes del Programa

de las Naciones Unidas de Lucha contra el sida (ONUSIDA). La vía más común de transmisión

es la homo-bisexual. (…).

María Isabel Domínguez, investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas,

reveló (…) que en el primer semestre de 1997 habían sido detectadas 116 personas seropositivas

que se dedicaban a la prostitución.

Domínguez aseguró entonces que aunque el número era « ínfimo en relación al total » de

contagiados, se notaba una seria tendencia al aumento pues en el mismo período de 1995

se había reportado sólo 55 casos.

Cinco años después, el Centro de Prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS-SIDA)

del Ministerio de Salud Pública tiene un trabajo sostenido con la comunidad homosexual en

Ciudad de La Habana, pero la labor ha resultado más difícil entre prostitutas.

EL MIEDO

« Nos ha resultado muy difícil. Ellas se esconden, tienen temor a ser incluidas en ese grupo

de riesgo, a ser controladas. Es muy difícil penetrar. Estamos intentando hacer cosas », dijo

María Julía Fernández, especialista de la institución.

(…) Estas mujeres con conductas prostituidas « no conocen los riesgos que ocasionan estas

enfermedades para su salud » y asumen la relación sexual « sin conciencia de protección »

por ninguna de las partes implicadas, añade el estudio.

Investigaciones anteriores aseguran que la mayoría de las prostitutas cubanas usa condón

« de vez en cuando » y únicamente a pedido del turista que suele llegar a la isla con una

sensación de seguridad por los niveles de salud que exhibe la isla.

Dalia Acosta cimac | La Habana - martes 14 de octubre de 2003

www.cimacnoticias.com (Agencia de noticias Mejicana « Comunicación e información de la Mujer »

en colaboración con la UNIFEM) D.R.

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www.elveraz.com

© El Veraz

10 Recueil Bac-ES01-09

Pájaro tropical

(Mario Vargas Llosa, escritor peruano, acaba de leer el libro de memorias « Antes que Anochezca

» de Reynaldo Arenas que se publicó de manera póstuma tras el suicidio por sida del autor

en Estados Unidos).

Todo el que haya leído Antes que anochezca, la autobiografía póstuma de Reynaldo Arenas

que ha publicado Tusquets Editores, comprende que se trata de uno de los más estremecedores

testimonios que se hayan escrito en nuestra lengua sobre la opresión y la rebeldía (…).

Que muchas de sus páginas, dictadas deprisa por un hombre al que un sida terminal iba

pudriendo en vida y abrumaba de terribles dolores, estén escritas con el desmaño y crudeza

de un material de trabajo sin elaborar, no empobrece el libro. (…) Que, al poner el punto final

a este libro, Reynaldo Arenas se matara, para acabar de una manera más digna que aquella

que la enfermedad le reservaba, fue un simple trámite. (…)

Los panegiristas del régimen tendrían que preguntarse al cerrar su libro : ¿ es esto el hombre

nuevo ? ¿ Ésta es la sociedad sana y purificada por tres décadas de socialismo ortodoxo que

reemplazó a ese burdel de Estados Unidos manejado por gánsteres que, según el estereotipo,

era Cuba antes de Fidel ? He leído la autobiografía de Arenas al mismo tiempo que el libro

del periodista Andrés Oppenheimer – Castro’s final hour –, escrito después de una estancia

de varios meses en la isla, y lo más punzante del relato de éste no es la falta de libertades

elementales, la asfixiante atmósfera de miedo, censura, delaciones y paranoia en que transcurre

la vida diaria del cubano, sino, más bien, la omnipresente y desaforada corrupción, el

envilecimiento generalizado que el sistema ha producido, convirtiendo, por ejemplo, al juego,

el contrabando, la prostitución de menores, el tráfico de divisas, la compraventa de influencias

y el robo poco menos que en deportes nacionales. Dudo que ni en los peores momentos

de la dictadura de Batista hubieran podido los capitalistas españoles y mexicanos ir a Cuba,

como ahora, a disfrutar de adolescentes del sexo de sus preferencias, y a divertirse en playas,

cabarets, hoteles y restaurantes exclusivos para extranjeros, bajo la protección de la policía

del régimen.

Todo ello se ve venir, como inevitable corolario del feroz monolitismo y rigidez del sistema,

en las páginas donde Reynaldo Arenas narra su juventud de becario y brigadista, primero,

y, luego, de contador agrario, bibliotecario, burócrata, escritor disidente y a salto de mata,

prófugo, presidiario y lumpen, vagabundo y excrecencia social hasta que, debido a una feliz

combinación del azar y los galimatías burocráticos, puede escapar de su país, con la riada de

marielitos, en 1980. Antes, había intentado

huir un par de veces, lanzándose al mar en

una llanta de automóvil, sin brújula ni reino,

y ganando la base de Guantánamo, tentativa

en la que se salvó de milagro de ser devorado

por cocodrilos o borrado por cargas de fusilería.

Además, durante cerca de dos meses, vivió

como un mono, literalmente, en lo alto de los

árboles de un parque público, fue torturado

y acosado sin descanso por la policía y por

delatores del gremio literario, fracasó en dos

intentos de suicidio y, con un grupo de hombres

y mujeres tan marginales y apestados

como él, sobrevivió muchos meses saqueando

y desguazando un convento.

Mario Vargas Llosa 15/06/1992. El País

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Texte n° 5 No son extranjeros, son turistas

(En los años 50-60, el gobierno de Franco decidió abrir el país al turismo para dinamizar la economía.

Los millones de visitantes de la Europa rica permitieron equilibrar la balanza de pago

española al introducir marcos alemanes, libras esterlinas o francos en el circuito económico.)

La primera vez que vi un turista podía yo tener cosa de 14 o 15, a finales de la década de los

años 50. El seco y recio estío castellano caía sobre el mundo como una penitencia y un coche

negro se detuvo en la plaza de un pueblo de las cercanías de Madrid donde yo veraneaba.

El coche, un Citroën quince ligero, tenía una extraña placa de matrícula de color amarillo

que empezaba por números y no por letras, y aparcó en donde le vino en gana al conductor,

porque allí en la plaza no había más vehículo de transporte que un desvencijado autobús de

línea que, como siempre, salía para la capital con retraso, y dos burros cargados con serones

de esparto que sus dueños habían amarrado al pilón de la fuente. La gente se protegía del

calor a la sombra y todo el mundo miró con curiosidad a los extraños.

«Deben de ser extranjeros», comentó alguien cuando un hombre armado con una cámara

de fotos y una mujer de larga melena rubia bajaron del automóvil y comenzaron a caminar

hacia el centro de la explanada.

En un extremo de la plaza, se alzaba una gran iglesia del siglo XVIII que era el orgullo monumental

del pueblo. Yo pensé que aquella pareja de extranjeros iban a fotografiar la esbelta

torre del templo. Pero no sucedió como imaginaba. La mujer, que era hermosa y vestía pantalones

azules y blusa amarilla, se colocó entre los dos burros y el hombre disparó un par de

instantáneas. Luego, ella se retiró y él ocupó su lugar para ser fotografiado a su vez junto a

los asnos, sentado en el borde del pilón y mostrando unos lustrosos muslos bajo el pantalón

corto. Para terminar, los animales fueron retratados por separado y el extranjero tomó

detalles de sus cabezas. Luego, la pareja regresó al coche y el vehículo se largó del pueblo

perdiéndose entre viñedos.

Nadie de cuantos nos congregábamos en los soportales había dejado de interesarse por la

escena, tan extraordinaria en aquellos días. Los hombres de aquel pueblo gastaban pantalones

de pana oscura, camisas blancas abrochadas hasta el último botón y boina negra. Las mujeres

usaban vestidos de una pieza, por lo general negros, y un ocasional pañolón sujetando sus

cabellos. Eso de ver una mujer con pantalones

les hacía a marimacho, mientras que un hombre

sin boina y calzón corto era cuanto menos

sospechoso.

Pero, sobre todo, lo que había dejado al personal

pasmado era que fotografiasen los asnos y no

la catedral. «Es la primera vez que le hacen una

foto a la burra», dijo un paisano, «Mi Mariposa

no se ha visto en otra». «Los extranjeros, ya

se sabe», añadió un viejo, «son muy raros».

Y un tercer vecino, que alardeaba de conocer

mundo, concluyó satisfecho y terminantes «No

son extranjeros, son turistas».

El Semanal, 17/08/1998

Cartel promocional de turismo

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Discurso del Rey Juan Carlos del 11 de marzo de 2004

« La barbarie terrorista ha sumido hoy a España en el más profundo dolor, repulsa e indignación.

Hombres, mujeres y niños, ciudadanos libres de todas las edades y ocupaciones, incluso

de otros países, que se acercaban a sus destinos, escuelas y trabajos, se han encontrado

brutalmente confrontados con la muerte y el sufrimiento.

Un escenario de pesadilla se ha apoderado de todos los hogares españoles para mostrar la

cara más cruel y asesina del terrorismo.

En estos trágicos momentos, quiero hacer llegar a las familias de las víctimas mi más profundo

afecto y el de toda Mi Familia. Con todos querría fundirme en un abrazo cargado de consuelo

y tristeza.

Siempre estaremos con vosotros, con todos aquellos que sufren las consecuencias de una

locura macabra sin justificación posible. Estos repugnantes atentados sólo merecen la más

enérgica y absoluta condena.

También me dirijo a los heridos y a sus familias, para expresarles nuestro calor, nuestra cercanía

y nuestro deseo de pronta recuperación.

Vuestro Rey sufre con todos vosotros, comparte vuestra indignación, y confía en la fortaleza

y eficacia del Estado de Derecho para que tan viles y cobardes asesinos caigan en manos de

la Justicia, y cumplan en prisión todas las penas que los Tribunales les impongan. Habrán de

dar cuenta de sus crímenes, de forma irremisible.

Los servicios públicos y los ciudadanos de Madrid, siempre generosos, se han crecido en la

tragedia para mostrar su entrega solidaria, su esfuerzo y colaboración.

Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad no cesan en su labor en defensa de nuestras libertades.

La España de buen corazón ha vibrado una vez más ofreciendo su ayuda material y apoyo

moral.

A todos, nuestro agradecimiento más profundo.

El desaliento no está hecho para los españoles.

Somos un gran país, que ha demostrado con creces su capacidad para superar retos y dificultades.

Un país que bien sabe que, frente a la sinrazón y la barbarie, sólo cabe la unidad,

la firmeza y la serenidad.

Unidad, firmeza y serenidad en la lucha contra el terrorismo, con todos los instrumentos que

nos proporciona el Estado de Derecho, redoblando nuestros esfuerzos conjuntos para terminar

con esta lacra, contando con la acción policial, la labor de la justicia y la cooperación

internacional.

Unidad, firmeza y serenidad por encima de las legítimas diferencias de opinión, en torno a la

más firme voluntad de convivencia pacífica y democrática, que garantiza nuestra Constitución,

expresión soberana del pueblo español.

En estas horas de inmenso dolor, los españoles estamos llamados, más que nunca, a reafirmar

nuestra determinación de acabar con la violencia terrorista.

Que no haya duda. El terrorismo nunca conseguirá sus objetivos. No conseguirá doblegar

nuestra fe en la democracia, ni nuestra confianza en el futuro de España.»

Emitido por las radios y televisiones españoles

Publicado en el diario El Mundo, 12 de marzo de 2004.

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Roi d’Espagne Juan Carlos durant l’allocution

du 11 mars 2004 après les attentats sur les trains

de banlieue de Madrid. © Pool / Reuters

Recueil Bac-ES01-09 13

Terribles vacaciones

Se supone que el verano es tiempo de frivolidad y que las vacaciones sirven para desconectar

la vida cotidiana.

Error. No hay más que ver a la mayoría de los tíos en vacaciones.

Caras preocupadas, entrecejos fruncidos, andares torpes por todo lo que no sea asfalto o

moqueta que es su medio natural. Profundamente incómodos en bañadores y camisetas,

añorando la corbata y el traje.

Ellos bajan a la playa para dar gusto a su señora y a sus retoños, porque ya que está uno de

vacaciones, qué se le va a hacer.

-Hijo, tienes una cara, qué te pasa- le pregunta su mujer embadurnándose de abrasivo

solar.

-No sé, no me encuentro bien. He dormido fatal, me duele el estómago, me va a venir otra vez

el mareo que me vino el año pasado y además creo que me dejé el ordenador enchufado.

El hombre busca afanosamente en la bolsa de ir a la playa:

-¿Dónde has metido mi teléfono? No me digas que se te ha olvidado mi teléfono, que te mato.

Ah, no, aquí está.

Don Activo empieza a manipular el teléfono celular.

-¡Sí! Oye, soy Mariano, ¿está Chus? ¿Qué? No te oigo nada. ¿Tú me oyes a mí? ¿Quién eres?

¿Mercedes? ¿Quién es Mercedes? ¿Oye? ¿Me oyes? ¡Que digo que si me oyes! Nada, no

hay manera, y quién será la tal Mercedes. Este aparato es una mierda, me debía de haber

comprado e1 carísimo. ¿Lo ves? Ahora no hay servicio. Nada, estoy incomunicado, como si

estuviera en una isla desierta del Pacífico.

Carmen Rico GODOY, Cambio 16, 15/08/1994

Texte n° 7

Dibujo de Juan Ballesta

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Texte n° 8 Tiruliru

Soy una forofa de las nuevas tecnologías, pero toda realidad tiene su infierno, y sin duda las

centralitas telefónicas automatizadas forman parte del averno informática.

Pongamos que llama usted, por ejemplo, a Radio Nacional, o al BBVI, o a cualquier otra de las

muchísimas empresas que cuentan con este instrumento de tortura. En cuanto que aparece la

vocecilla enlatada me entra el pánico: «Bienvenido al servicio telefónico del banco Tal», dice

la máquina; «si desea hacer un ingreso, marque el uno; si desea consultar el saldo, marque el

dos; si desea realizar una transferencia pulse almohadilla... », dispara la voz virtual durante

un lapso de tiempo interminable, poniéndote la cabeza como un bombo porque, casualmente,

tú no quieres ninguna de las posibilidades que te ofrecen (ya se sabe que el ser humano es

fastidioso), o porque no te has enterado, en el aturulle, de qué maldita tecla hay que tocar.

Entonces el artefacto se calla compasivamente unos instantes y suena el tiruliru de la musiquilla

habitual, otro martirio auditivo muy refinado. Pero luego vuelve a entrar la chirriante

voz biónica explicando a toda pastilla una nueva tanda de tecleos. Tras darte la monsergas

durante diez minutos, el maldito loro suelta al fin la frase mágica: «Si prefiere hablar con

alguno de nuestros operadores, permanezca en silencio durante unos segundos». Tú ansías

de tal modo poder conectar con un humano que no es que te quedes en silencio, es que

entras en catalepsia y ni siquiera respiras. Pese a ello, la centralita no atina a reconocer tu

anhelante parálisis y vuelve a recomenzar todo el proceso: Tiruliru, tiruliru... «Bienvenido al

servicio telefónico de ... ». 0 bien, con suerte, sí se entera, y entonces te coloca el siguiente mensaje:

Tiruliru, tiruliru... «Ahora mismo todos nuestros operadores están ocupados, le rogamos

que permanezca a la espera, le atenderemos lo antes posible ... ». Tiruliru, tiruliru... «Ahora

mismo ... ». Y así durante un tiempo infinito, porque las empresas, que son la mar de cucas,

han decidido despedir a todos los trabajadores innecesarios y a gran parte de los necesarios,

y sólo tienen a un empleado de carne y hueso para tropecientos mil clientes. Es un suplicio

telefónico y una desfachatez empresarial considerable.

Rosa MONTERO, El País, 21/05/2001.

Una centralita en los ãnos 60.

© Lambert/Archive Photos/ Hulton Archive/

Getty Umages

Una centralita automatizada de hoy. D.R.

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Texte n° 9 El camello

Tenía cinco años cuando mi abuelo el coronel me llevó a conocer los animales de un circo que

estaba de paso en Aracataca. El que más me llamó la atención fue una especie de caballo

maltrecho y desolado con una expresión de madre espantosa. «Es un camello», me dijo el

abuelo. Alguien que estaba cerca le salió al paso. «Perdón, coronel», le dijo. «Es un dromedario

». Puedo imaginarme ahora cómo debió sentirse el abuelo de que alguien lo hubiera

corregido en presencia del nieto, pero lo superó con una pregunta digna:

-¿Cuál es la diferencia?

-No la sé -le dijo el otro-, pero éste es un dromedario.

El abuelo no era un hombre culto, ni pretendía serlo, pues a los catorce años se había escapado

de la clase para irse a tirar tiros en una de las incontables guerras civiles del Caribe, y

nunca volvió a la escuela. Pero toda su vida fue consciente de sus vacíos, y tenía una avidez

de conocimientos inmediatos que compensaban de sobra sus defectos.

Aquella tarde del circo volvió abatido a la casa y me llevó a su sobria oficina con un escritorio

de cortina, un ventilador y un librero con un solo libro enorme. Lo consultó con una atención

infantil, asimiló las informaciones y comparó los dibujos, y entonces supo él y supe yo para

siempre la diferencia entre un dromedario y un camello. Al final me puso el mamotretos en

el regazo y me dijo:

-Este libro no sólo lo sabe todo, sino que es el único que nunca se equivoca.

Era el diccionario de la lengua, sabe Dios cuál y de cuándo, muy viejo y ya a punto de descuadernarse.

Tenía en el lomo un Atlas colosal, en cuyos hombros se asentaba la bóveda

del universo. «Esto quiere decir -dijo mi abuelo- que los diccionarios tienen que sostener el

mundo». Yo no sabía leer ni escribir, pero podía imaginarme cuánta razón tenía el coronel si

eran casi dos mil páginas grandes, abigarradas y con dibujos preciosos. En la iglesia me había

asombrado el tamaño del misal, pero el diccionario era más grande. Fue como asomarme al

mundo entero por primera vez.

-¿Cuántas palabras habrá? -pregunté.

-Todas -dijo el abuelo.

La noche en que conocí el diccionario se me despertó tal curiosidad por las palabras, que

aprendí a leer más pronto de lo previsto. Así fue mi primer contacto con el que había de ser

el libro fundamental en mi destino de escritor.

Gabriel GARCÍA MÁRQUEZ, Prólogo al Diccionario Clave, 1996.

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Camello bactriano (Camelus bactrianus) photo Cned. El dromedario o camello arábico (Camelus dromedarius)

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Máscaras mexicanas

(en este capítulo de su libro, Octavio Paz trata de describir la personalidad, la psicología y los

valores dominantes entre los mejicanos.)

Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado, el mexicano se me aparece

como un ser que se encierra y se preserva : máscara el rostro, máscara la sonrisa. Plantado en

su arisca soledad, espinoso y cortés a un tiempo, todo le sirve para defenderse : el silencio y la

palabra, la cortesía y el desprecio, la ironía y la resignación. Tan celoso de su intimidad como de

la ajena, ni siquiera se atreve a rozar con los ojos al vecino: una mirada puede desencadenar

la cólera de esas almas cargadas de electricidad. Atraviesa la vida como desollado; todo puede

herirle, palabras y sospecha de palabras. Su lenguaje está lleno de reticencias, de figuras y

alusiones, de puntos suspensivos; en su silencio hay repliegues, matices, nubarrones, arco iris

súbitos, amenazas indescifrables. Aún en la disputa prefiere la expresión velada a la injuria:

“Al buen entendedor pocas palabras”. En suma, entre la realidad y su persona se establece

una muralla, no por invisible menos infranqueable, de impasibilidad y lejanía. El mexicano

siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás. Lejos, también, de sí mismo. (…)

El hermetismo es un recurso de nuestro recelo y desconfianza. Muestra que instintivamente

consideramos peligroso al medio que nos rodea. Esta reacción se justifica si se piensa en lo

que ha sido nuestra historia y en el carácter de la sociedad que hemos creado. La dureza y

la hostilidad del ambiente —y esa amenaza, escondida e indefinible, que siempre flota en el

aire— nos obligan a cerrarnos al exterior, como esas plantas de la meseta que acumulan sus

jugos tras una cáscara espinosa. Pero esta conducta, legítima en su origen, se ha convertido

en un mecanismo que funciona solo, automáticamente. Ante la simpatía y la dulzura nuestra

respuesta es la reserva, pues no sabemos si esos sentimientos son verdaderos o simulados. Y

además, nuestra integridad masculina corre tanto peligro ante la benevolencia como ante la

hostilidad. Toda abertura de nuestro ser entraña una disminución de nuestra hombría.

(…) Todas esas expresiones revelan que el mexicano considera la vida como lucha, concepción

que no lo distingue del resto de los hombres modernos. El ideal de hombría para los otros pueblos

consiste en una abierta y agresiva disposición al combate; nosotros acentuamos el carácter

defensivo, listos a repeler el ataque. El “macho” es un ser hermético, encerrado en sí mismo, capaz

de guardarse y guardar lo que se le confía. La hombría se mide por la invulnerabilidad ante las

armas enemigas o ante los impactos del mundo exterior. El estoicismo es la más alta de nuestras

virtudes guerreras y políticas. Nuestra historia está llena de frases y episodios que revelan la

indiferencia de nuestros héroes ante el dolor o el peligro. Desde

niños nos enseñan a sufrir con dignidad las derrotas, concepción

que no carece de grandeza. Y si no todos somos estoicos e impasibles

—como Juárez y Cuauhtémoc— al menos procuramos ser

resignados, pacientes y sufridos. La resignación es una de nuestras

virtudes populares. Más que el brillo de la victoria nos conmueve

la entereza ante la adversidad.

Octavio Paz, El laberinto de la soledad, Máscaras Mejicanas, 1950

Fusilamiento, 1917, Augustin Victor Casasola,

fotógrafo de la revolución mejicana.

Desfile Zapatista, José Clemente Orozco,

pintor mejicano 1931 (óleo sobre lienzo 114x139).

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Capítulo I

(el inspector viene a la Casa de Familia, un orfanato, para buscar a Rosita, niña pre adolescente. Está

hablando con la directora que también es su cuñada, la hermana de su esposa.)

Finalmente el inspector dijo:

-Vengo por Rosita. Han cogido al hombre que la violó.

(…)Su cuñada se había vuelto y lo miraba asustada.

-¿Estás seguro? ¿De verdad es él?

-Yo no he llevado el asunto. Pero seguro.

Ella no le quitaba ojo. Observó el furor dormido de sus pómulos altos, sembrados de negras espinillas.

-¿Y qué quieres de Rosita? No veo la necesidad de decírselo.

-Tú nunca ves nada -gruñó el inspector volviéndole la espalda. La niña tiene que identificarlo. Vengo

para llevarla al Clínico.

-¿Al Clínico?

-Está muerto.

El inspector se paseaba como si tuviera los tobillos atados. (…) Explicó que esta madrugada lo habían

encontrado tirado en un callejón del Guinardó, con el cuello roto y apestando a vino; un perdulario, un

muerto de hambre. En Jefatura creían que podía ser el mismo degenerado que ultrajó a Rosita.

-Es un momento -añadió-. Yo estaré a su lado.

-Pero qué más da, si está muerto. Dios lo haya perdonado. Sea o no sea, qué puede importarle a la

criatura. (…) Pues no me gusta que vaya, no señor -decía la directora-. ¿Por qué crees que la mandé

con las monjas después de aquello? Le ha costado mucho recuperarse, más de un año. Es una crueldad

que vea a ese hombre y tú deberías impedirlo.

-Yo no sé nada -gruñó el inspector-. Yo la orden que tengo es de llevarla al depósito del Clínico.

Volvió a dejar los tebeos sobre la mesa. El sudor había chupado la tinta y tenía los dedos tiznados.

Arrugando la nariz explicó que, en estos casos, al muerto lo suelen «arreglar» antes de proceder a su

identificación, de modo que estuviera presentable, precisando: «Lo lavan con jabón y una esponja». No

quiso ahorrarle a su cuñada ningún detalle: Rosita lo vería limpio de sangre, mugre y piojos, e incluso

peinado y afeitado.

-No somos tan animales.

-Es tu trabajo y te gusta, y allá tú -dijo ella-. Nunca

has servido para otra cosa, y ya eres viejo. Pero

Rosita es todavía una niña. ¿Y si no quiere ir? No

creas que se la maneja así como así.

-Que venga. Hablaré con ella.

-No está.

Rosita tenía mucho trabajo, compromisos que

no podía eludir: «Aquí no vivimos del aire, señor

mío», entonó mientras descosía el cuello de una

camisa. Su ojo rapiñoso y acusador fulminó los

hombros de su cuñado sucios de caspa. De las

niñas que trabajaban fuera de la Casa, prosiguió,

Rosita, era la más activa y eficiente y su aportación

a la economía doméstica resultaba decisiva a final

de mes. Justamente los martes por la tarde apenas

disponía de tiempo, a veces no volvía hasta las

diez de la noche.

-Lo tendré en cuenta, dijo el inspector-. ¿Dónde

está ahora?

Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, cap.I

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Cartel encontrado en : http://oliba.uoc.es/nens/index.htm

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Capítulo III

(La acción pasa el martes 8 de mayo de 1945)

El inspector se extrañaba en las esquinas. El día transpiraba una flojera laboral impropia, una

conmemoración furtiva. La gente pasaba por su lado sin ruido de pisadas y sin voz, soltando

resabios de ansiedad. Creyó oír el timbre festivo de bicicletas de paseo y murmullos de terrazas

concurridas, siseos de sifón en gruesas copas de vermut, una seda rasgada, un apagado rumor

de domingo al mediodía. «Pero hoy no es domingo», se dijo. Dos muchachas de labios muy

pintados y pelo ondulado corrían cogidas del brazo hacia la parada del 24, riéndose. (…)

(más tarde, visita a sus antiguos colegas de la comisaría del Guinardó)

«¿Qué pasa hoy, que tienes a todo el personal en danza?», preguntó, y el comisario lo miró

aún más extrañado que antes, cuando le vio extraviarse en los sótanos de la memoria. «Pero

tú de dónde vienes», gruñó: «¿No has leído la circular del Gobierno Civil?»

El inspector se alarmó al presentir otro embrollo en su mente. El caso es que hoy no había pasado por

Jefatura, dijo. Recibió por teléfono la orden de presentarse en el Clínico, donde estuvo tocándose la

pera hasta las tres de la tarde, esperando a uno de Homicidios que le dio plantón; llamó a la Brigada

y le dijeron que no esperara a nadie, que lo único que debía hacer era buscar a la niña y llevarla al

depósito y que identificara el cadáver en su presencia; al muerto ni siquiera lo destapó para verle la

cara, quienquiera que fuese le tenía sin cuidado, este servicio le ponía de mala hostia. Se lo habían

endosado a él solamente porque conocía a Rosita y porque la directora de la Casa era su cuñada...

El comisario no le prestaba mucha atención.

-Pero no quiere ir, la cabrona -añadió el inspector-, no quiere verle ni en pintura.

Esperó inútilmente algún comentario del comisario y luego pensó, bueno, tengo toda la tarde

para convencerla.

Entonces vio al mallorquín acercarse de nuevo con paso decidido y un fajo de impresos en la

mano. El flequillo cabalgaba sobre su frente con determinación de cretino.

-Ahora -dijo el inspector como si hablara solo- tengo pocas cosas que hacer y me gusta

hacerlas despacio.

El comisario, que hojeaba unas minutas recostado en el canto de la mesa, lo escrutó con su

mirada afable y sombría. Acabarás en Archivos o en Pasaportes, pensó.

-Pues aquí -murmuró cogiendo distraídamente los impresos

que le tendía Porcar-hemos tenido una mañana bastante

movida.

-¿Y eso?

-Hombre, por lo de los boches -terció Porcar-. Parece que

algunos lo están celebrando.

Había conatos de huelga y un alegre trajín de hojas clandestinas,

en el fondo una bobada: ni que los aliados fueran a llegar

mañana mismo. «Los exaltados de siempre», añadió. A través

de los enlaces sindicales, las comisarías estaban recibiendo listas

de gente que no se había presentado al trabajo o que lo había

abandonado, y se estaba procediendo a su detención. Las medidas

preventivas dictadas por el Gobierno Civil no indicaban en

absoluto una situación de alarma. Las diligencias y los interrogatorios

revelaban falta de coordinación y para muchos la derrota

alemana no era mas que una excusa para ir a entromparse a

la taberna. «Nada, ganas de fastidiar», concluyó el comisario:

«Este jolgorio estaba previsto, se veía venir desde el desembarco

de Normandía».

Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo III.

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Plaça de Sant Agusti Velle Barcelona 1946, Otho Lloyd

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Capítulo VI

(Rosita tiene que ir a fregar a la casa de la abuela Maya )

Rosita indicó al inspector el banco de madera.

-Puede esperarme aquí y descabezar un sueñecito...

-Iré contigo.

-Que no puede ser, caray*. ¿Qué pensará la abuela si me ve llegar con un policía?

-Nada. Ya te he dicho que me conoce.

Lo invitaría a una copa de coñac, como hacía antes; en alguna ocasión incluso lo había obsequiado

con una bolsita de café bien tostado. Rosita lo interrumpió nerviosa: «Usted cree que

me quiero escapar de ver al muerto, pero le juro que no. Se lo juro», y se persignó trazando

un furioso garabato. Prometía volver antes de media hora y dejarse llevar al Clínico, aunque

allí le diera un patatús al ver al muerto; que seguro que le daba.

-Pero ahora déjeme ir sola -suplicó-. Por favor. El inspector miró en torno suyo con creciente

desasosiego. Se acercó al banco y Rosita lo siguió.

-Es que no me fío. Me has estado liando toda la tarde.

La niña lanzó un bufido y giró sobre los talones como una peonza. «No se me ponga cascarrabias

otra vez, que le dejo plantado con su fiambre, ¿estamos?», dijo mirando al otro lado

de la plaza. (...) -Muy bien -masculló Rosita dejándose caer sentada en el banco-. Pues se

acabó. No vamos a ninguna parte.

Sacó del capacho el cuaderno de la Galería Dramática Salesiana y lo abrió de un manotazo:

-Estudiaré un rato mi papel, luego iré al ensayo y adiós muy buenas. Ya pueden irse a hacer

gárgaras usted y el muerto.

(...) El inspector se deslizó sobre el banco acercándose a ella.

-Trae acá. -Le quitó el cuaderno-. A ver si te lo sabes de memoria.

-No necesito su ayuda para nada. Además, usted no entiende de eso.(...)

-Veamos si te lo sabes bien. Yo te sigo.

-Si me equivoco, avise.(...)

(Rosita recita su papel)

«Te lo sabes», dijo, «pero hablas como una furcia y no como una santa.» Cruzó las manos

sobre la barriga y entornó los ojos.

-¡Y usted no tiene sensibilidad de poesía ni de na! ¡Usted hoy se ha levantado de mala uva

y con la idea malaje de llevarme a ver a un muerto...!

El inspector miraba escupir lentamente a los viejos en el umbral del sueño.

-Yo no quería llevarte a ningún lado, hija -dijo sosegadamente-. Yo hoy quería pegarme un

caramelo en la cabeza.

-¡Pero qué rarito es usted, ondia*!

-Está bien, vete -dijo de pronto-. Anda, vete. ¡Fuera!

Rosita se levantó de un salto y cargó con la

capilla. «No tardaré, de veras», dijo sin contener

su alegría y echando a correr.

Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo VI

*ce sont des « jurons atténués », peu vulgaires

El futuro rey Juan Carlos con el viejo

general Franco en 1974.

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Capítulo IX

(Rosita y el inspector están en el depósito del clínico para reconocer el cadáver)

El inspector alzó el borde de la sábana y Rosita miró cabizbaja y ceñuda como si fuera a embestir.

-No es él -dijo inmediatamente.

-Acércate más.

-Que no es. Que no.

-Aún no le has mirado. ¡Acércate, te digo!

Rosita obedeció, abrazando la capilla con fuerza. El intenso olor a amoníaco estimuló sus nervios.

Pero el muerto no la impresionó, no avivó en su mente la fogata ni el espanto. Miró de cerca el rostro

magullado pero sereno de un hombre joven, bien peinado, con barba rala de tres o cuatro días. La boca

inflada y entreabierta, con un frunce en el labio superior que la desfiguraba, dejaba ver una dentadura

blanca y prieta, y los párpados de cera, semicerrados, sin pestañas, una mirada vidriosa y azul.

-Que no. Era mucho mayor, y más flaco.

-Está desfigurado. Mírale bien.

El inspector retiró un poco más el lienzo y descubrió los hombros y el pecho lampiño, deprimido. Rosita

dio un respingo y apartó bruscamente la cara. El inspector captó el tufillo zorruno de su miedo y dijo:

«Sólo tienes que hacer un gesto con la cabeza». Entonces vio, lo mismo que ella, los hematomas en los

flancos, las erosiones y las quemaduras. Debajo de la tetilla, dos orificios limpios y simétricos soltaban

una agüilla rosada. Los pies eran una pulpa machacada, sin uñas. «Vaya chapuza», pensó. Empezó a

discurrir rápidamente. Lanzó a la niña una mirada preventiva:

-Debió caerse desde muy alto -dijo, y volvió a taparlo hasta el cuello.

Ella no sabía adonde mirar. Se puso pálida.

-Déjeme ir. Por favor, déjeme ir...

Y en sus ojos contritos y extraviados, el inspector leyó su propio discurrir. Ninguna caída, ni desde la

azotea más alta, podía haber causado este concienzudo descalabro, esta aflicción de la carne.

-Esta mañana no le vi. Te habría evitado esto... -dijo el inspector-. ¿Te sientes mal?

Rosita asintió:

-Me quiero ir, haga el favor.

El estómago le rebrincaba y sentía resbalar las plantas de los pies en las sandalias de goma, que no

conseguía despegar de la pringue de las baldosas. Afirmó los brazos en torno a la capilla y aplastó la

boca contra ella, inflando los carrillos. «En el pasillo, a la izquierda», se apresuró a indicarle el inspector,

y ella logró moverse por fin y echó a correr.

Dejó la puerta abierta y volvió la cabeza creyendo que el inspector la seguía. Pero él no se movió.

Una vez solo, el inspector supo que no volvería a verla. Esperó hasta oír apagarse el chapoteo de las sandalias

en el silencio del corredor, y luego apoyó ambas manos al borde de la camilla; tensos los brazos, se inclinó muy

despacio sobre el rostro del cadáver como si fuera a mirarse en el agua. Lo mismo da, se dijo. La identidad real

del difunto y la que ahora le otorgaba esa niña simplemente con venir a verle, dando así carpetazo a un error

de la Brigada, al celo rabioso o a la negligencia de algún funcionario, le tenían por completo sin cuidado. Y lo

mismo debía ocurrirle a ella; nada que no pudiera arreglarse con volver la cara y vomitar, siempre y cuando

se tuviera estómago para hacerlo... Consideró entonces la falacia ambulante que representaba la huérfana,

la añagaza piadosa de su peregrinaje con la capilla, su solitaria ronda al borde del hambre y la prostitución

y esta última e involuntaria aportación a la mentira: sólo con mirarle, enviaba a este infeliz al anonimato,

enterrado bajo una espesa capa de cal en la pedregosa ladera de Montjuich.

Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo IX

España 1939 - 1964 : « 25 años de paz »

(cifras redondeadas) 1935-1940 1962-1963

Parque nacional de vehículos (número de coches, camiones, etc. ) 137 000 1 700 000

Beneficiarios de seguro de enfermedad 7 700 000 15 000 000

Pesca (en millones de toneladas) 440 000 935 000

Niños fallecidos menores de 1 año 70 000 21 000

Establecimientos maternales, mujeres asistidas 18 800 61 000

Flota mercante (número de buques) 950 2 000

Tráfico aéreo, (número de pasajeros transportados) 81 000 5 200 000

Consultar la página http://www.aureliojimenez.com/64h.html en Internet para ver algunos carteles de 1964.

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Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse

caballero

(Alonso Quijano salió de su casa vestido con la armadura de sus antepasados para buscar las

aventuras, pero descubre muy preocupado que no fue armado caballero. Entra en una venta1

que imagina ser castillo para que el señor del lugar le arme caballero.)

Y así, fatigado deste pensamiento, abrevió su venteril y limitada cena; la cual acabada, llamó al

ventero y, encerrándose con él en la caballeriza, se hincó de rodillas ante él, diciéndole :

- No me levantaré jamás de donde estoy, valeroso caballero, fasta que la vuestra cortesía me otorgue

un don que pedirle quiero, el cual redundará en alabanza vuestra y en pro del género humano.

El ventero, que vio a su huésped a sus pies y oyó semejantes razones, estaba confuso mirándole,

sin saber qué hacerse ni decirle, y porfiaba con él que se levantase, y jamás quiso, hasta que le

hubo de decir que él le otorgaba el don que le pedía.

- No esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra, señor mío – respondió don Quijote – ; y así,

os digo que el don que os he pedido, y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado, es que mañana

en aquel día me habéis de armar caballero, y esta noche en la capilla deste vuestro castillo velaré

las armas; y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que tanto deseo, para poder, como se debe,

ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras, en pro de los menesterosos, como

está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejantes

fazañas es inclinado.

El ventero, que, como está dicho, era un poco socarrón y ya tenía algunos barruntos de la falta de

juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando acabó de oírle semejantes razones, y, por tener qué

reír aquella noche, determinó de seguirle el humor ; y así, le dijo que andaba muy acertado en lo que

deseaba y pedía, y que tal prosupuesto era propio y natural de los caballeros tan principales como él

parecía y como su gallarda presencia mostraba ; y que él, ansimesmo, en los años de su mocedad, se

había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo buscando sus aventuras,

sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo

de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las

Ventillas de Toledo y otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies, sutileza de

sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y

engañando a algunos pupilos y, finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales

hay casi en toda España ; y que, a lo último, se había venido a recoger a aquel su castillo, donde vivía

con su hacienda y con las ajenas, recogiendo en él a todos los caballeros andantes, de cualquiera

calidad y condición que fuesen, sólo por la mucha afición que les tenía y porque partiesen con él de

sus haberes, en pago de su buen deseo.

(...) Preguntóle si traía dineros ; respondió don Quijote que no traía blanca, porque él nunca había

leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído. A esto dijo el ventero

que se engañaba ; que, (...) tuviese por cierto y averiguado que todos los caballeros andantes, de que

tantos libros están llenos y atestados, llevaban bien herradas las bolsas, por lo que pudiese sucederles

(...) Mas que, en tanto que esto no hubiese,

tuvieron los pasados caballeros por cosa acertada

que sus escuderos fuesen proveídos de dineros

y de otras cosas necesarias, como eran hilas y

ungüentos para curarse ; y, cuando sucedía que

los tales caballeros no tenían escuderos, que eran

pocas y raras veces, ellos mesmos lo llevaban

todo en unas alforjas muy sutiles, (...)

Prometióle don Quijote de hacer lo que se le

aconsejaba con toda puntualidad (...)

Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don

Quijote de la Mancha, parte I, capítulo III, 1605.

Restaurante típico « La Venta del Quijote » - Bodega

Bar - El Molino 4. 13650. Puerto Lápice. (Ciudad Real)

(Autovía de Andalucía A-4, km 136).

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Fragmento del capítulo XVII, parte II (1615)

Llegó en esto el carro de las banderas, en el cual no venía otra gente que el carretero, en las

mulas, y un hombre sentado en la delantera. Púsose don Quijote delante y dijo :

- ¿ Adónde vais, hermanos ? ¿ Qué carro es éste, qué lleváis en él y qué banderas son aquéstas ?

A lo que respondió el carretero :

- El carro es mío ; lo que va en él son dos bravos leones enjaulados, que el general de Orán

envía a la corte, presentados a Su Majestad ; las banderas son del rey nuestro señor, en señal

que aquí va cosa suya.

- Y ¿ son grandes los leones ? - preguntó don Quijote.

- Tan grandes – respondió el hombre que iba a la puerta del carro – que no han pasado mayores

ni tan grandes de África a España jamás ; y yo soy el leonero, y he pasado otros ; pero como

éstos, ninguno. Son hembra y macho ; el macho va en esta jaula primera, y la hembra en la

de atrás ; y ahora van hambrientos porque no han comido hoy ; y así, vuesa merced se desvíe ;

que es menester llegar presto donde les demos de comer.

A lo que dijo don Quijote sonriéndose un poco :

- ¿ Leoncitos a mí ? ¿ A mí leoncitos, y a tales horas ? Pues ¡por Dios que han de ver esos

señores que acá los envían si soy yo hombre que se espanta de leones! Apeaos, buen hombre,

y pues sois el leonero, abrid esas jaulas y echadme esas bestias fuera ; que en mitad desta

campaña les daré a conocer quién es don Quijote de la Mancha, a despecho y pesar de los

encantadores que a mí los envían.

(…) Oído lo cual por Sancho, con lágrimas en los ojos le suplicó desistiese de tal empresa, en

cuya comparación habían sido tortas y pan pintado la de los molinos de viento y la temerosa

de los batanes*, y, finalmente, todas las hazañas que había acometido en todo el discurso

de su vida.

- Mire, señor – decía Sancho –, que aquí no hay encanto ni cosa que lo valga, que yo he visto

por entre las verjas y resquicios de la jaula una uña de león verdadero, y saco por ella que el

tal león, cuya debe de ser la tal uña, es mayor que una montaña.

- El miedo, a lo menos – respondió don Quijote –, te le hará parecer mayor que la mitad del

mundo. Retírate, Sancho, y déjame ; y si aquí muriere, ya sabes nuestro antiguo concierto:

acudirás a Dulcinea, y no te digo más.

(…) Visto el leonero ya puesto en postura a don Quijote, y que no podía dejar de soltar al

león macho, so pena de caer en la desgracia del indignado y atrevido caballero, abrió de par

en par la primera jaula, donde estaba, como se ha dicho, el león, el cual pareció de grandeza

extraordinaria y de espantable y fea catadura. Lo primero que hizo fue revolverse en la jaula,

donde venía echado, y tender la garra, y desperezarse todo ; abrió luego la boca y bostezó11

muy despacio, y con casi dos palmos de lengua que sacó fuera se despolvoreó los ojos y se

lavó el rostro ; hecho esto, sacó la cabeza fuera de la jaula y miró a todas partes con los ojos

hechos brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad. Sólo don Quijote

lo miraba atentamente, deseando que saltase ya del carro y viniese con él a las manos, entre

las cuales pensaba hacerle pedazos.

Hasta aquí llegó el extremo de su jamás vista locura. Pero el generoso león, más comedido

que arrogante, no haciendo caso de niñerías ni de bravatas, después de haber mirado a una y

otra parte, como se ha dicho, volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes a don Quijote,

y con gran flema y remanso se volvió a echar en la jaula ; viendo lo cual don Quijote, mandó

al leonero que le diese de palos y le irritase para echarle fuera.

Eso no haré yo – respondió el leonero -; porque si yo le instigo, el primero a quien hará

pedazos será a mí mismo. Vuesa merced, señor caballero, se contente con lo hecho, que es

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todo lo que puede decirse en género de valentía, y no quiera tentar segunda fortuna. El león

tiene abierta la puerta : en su mano está salir o no salir ; pero pues no ha salido hasta ahora,

no saldrá en todo el día. La grandeza del corazón de vuesa merced ya está bien declarada :

ningún bravo peleante, según a mí se me alcanza, está obligado a más que a desafiar a su

enemigo y esperarle en campaña ; y si el contrario no acude, en él se queda la infamia, y el

esperante gana la corona del vencimiento.

- Así es verdad – respondió don Quijote – : cierra, amigo, la puerta, y dame por testimonio

en la mejor forma que pudieres lo que aquí me has visto hacer ; conviene a saber: como tú

abriste al león, yo lo esperé, él no salió, volvíle a esperar, volvió a no salir y volvióse a acostar.

No debo más, y encantos afuera, y Dios ayude a la razón y a la verdad y a la verdadera

caballería ; y cierra como he dicho, en tanto que hago señas a los huidos y ausentes, para que

sepan de tu boca esta hazaña.

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, PARTE II - CAPITULO XVII, 1615

* la aventura de los batanes (parte I, capítulo XX) : Sancho Panza y Don Quijote permanecen toda una noche paralizados por el

miedo provocado por un ruido terrible y continuo, como de monstruos mecánicos. La noche sin luna les impide ver qué es el orígen

de este terrible estrépito (vacarme). Cuando se levanta el sol, descubren que estaban al lado de unos batanes (molino de agua)

movidos por un río.

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Fernando Rey y Alfredo Landa en la excelente adaptación de Manuel Gutiérrez Aragón

para la televisión española (TVE) en 1991.

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