traoreassane6 Posté(e) le 13 avril 2013 Signaler Posté(e) le 13 avril 2013 Rédaction Eugène BESNARD-JAVAUDIN Terminale LV1-LV2 Liste de textes à présenter à l’oral du baccalauréat Recueil des textes Session 2010 Recueil Bac Liste de textes 7-ES01-LTPA00-09 Espagnol Ce cours a été rédigé et publié dans le cadre de l’activité du Centre National d’Enseignement à Distance, Institut de Rennes. Toute autre utilisation, notamment à but lucratif, est interdite. Les cours du Cned sont strictement réservés à l’usage privé de leurs destinataires et ne sont pas destinés à une utilisation collective. Les personnes qui s’en serviraient pour d’autres usages, qui en feraient une reproduction intégrale ou partielle, une traduction sans le consentement du Cned, s’exposeraient à des poursuites judiciaires et aux sanctions pénales prévues par le Code de la propriété intellectuelle. Les reproductions par reprographie de livres et de périodiques protégés contenues dans cet ouvrage sont effectuées par le Cned avec l’autorisation du Centre français d’exploitation du droit de copie (20, rue des Grands Augustins, 75006 Paris). Référence : 7-ES01-LTPA00-09 Imprimé au Cned - Institut de RENNES 7, rue du Clos Courtel 35050 RENNES CEDEX 9 3 Avertissement Liste des textes : Ci-après, les instructions à suivre selon votre type d’inscription. ➠ Inscrit en classe complète réglementée ou en complément d’enseignement Vous devez présenter la liste de textes du Cned figurant dans ce livret. Vous êtes autorisé(e) à rayer un certain nombre de textes selon les exigences de votre série et de votre niveau : LV1, LV2 ou LV3 ou langue facultative (voir page suivante). Attention Les exigences ne sont pas formulées en nombre de textes, mais en nombre de pages, indiqué à côté de chaque texte. Cas d’un redoublant en classe complète réglementée : Vous devez présenter les textes de la liste Cned de l’année en cours, même si vous avez travaillé sur d’autres textes l’année précédente. Cas d’une inscription en cours d’année en classe complète réglementée : Si vous vous inscrivez en cours d’année scolaire (alors que vous avez débuté votre année dans un lycée), vous avez le droit de panacher des textes de la liste Cned et des textes étudiés dans votre établissement d’origine. Dans ce cas, envoyez par courrier une photocopie de votre nouvelle liste ainsi que les textes hors liste Cned que vous présentez au tuteur de la discipline concernée. Si votre liste est conforme aux exigences de l’examen, il vous fournira une attestation à présenter le jour de l’épreuve. ➠ Inscrit en candidat individuel, à inscription libre Si vous êtes inscrit en candidat individuel (c’est-à-dire en classe complète libre ou en cours à la carte), vous pouvez présenter soit la liste Cned, soit votre propre liste - ou aussi modifier la liste Cned à condition que cette nouvelle liste soit conforme à la réglementation de l’examen (nombre de pages, longueur des textes…). Attention Le Cned ne pourra en aucun cas signer une liste personnelle ou une liste Cned modifiée. Il est inutile d’appeler les tuteurs téléphoniques pour le leur demander. Recueil Bac-ES01-09 Recueil Bac-ES01-09 5 Ministère de l’Éducation Nationale Centre National d’Enseignement à Distance Institut de Rennes (035 2154 B) Baccalauréat, session 2010 Liste de textes présentés en : ESPAGNOL - ES01 - LV1-LV2 (Les textes sont à présenter avec un document iconographique contenu dans le cours.) N.B. : Le candidat est autorisé à rayer au stylo bille noir de cette liste un certain nombre de textes en fonction de sa série et du niveau de langue en conformité avec les instructions ministérielles, dont le candidat a été informé par le Cned. Le jour de l’épreuve, le candidat devra se munir de deux exemplaires de chaque texte : un pour lui-même et un pour l’examinateur. Titres Références 1. Una granada contra el «corralito» El País, 24/01/2002 (España) + foto manifestación callejera 1 page 2. Remesas Ricardo Ávila, Mundo Avianca, abril de 2002 + foto escaparate de la Western Union 1 page 3. ¿Es Cuba una puerta abierta al SIDA? Dalia Acosta cimac / La Habana - martes 14 de octubre de 2003 + foto «una jinetera en Cuba» 1 page 4. Pájaro tropical Mario Vargas Llosa 15/06/1992. El País + cartel de promoción turística «enamórate de nuestra isla» 1,5 page 5. No son extranjeros, son turistas El Semanal, 17/08/1998 + Cartel francés promocional de turismo. 1,5 page 6. Discurso del rey Juan Carlos del 11 de marzo de 2004 diario El Mundo, 12 de marzo de 2004 + foto del rey Juan Carlos durante su discurso. 1,5 page 7. Terribles vacaciones, Carmen Rico GODOY, Cambio 16, 15/08/1994 + dibujo de Juan Ballesta. 1 page 8. Tiruliru Rosa MONTERO, El País, 21/05/2001 + fotos de dos centralitas telefónicas, una antigua y otra moderna. 1 page 9. El camello Gabriel García Márquez, Prólogo al Diccionario Clave, 1996 + artículos de la enciclopedia Wikipedia 1 page 10. Máscaras mexicanas Octavio Paz, El laberinto de la soledad, Máscaras Mejicanas, 1950 + una foto y un cuadro (Orozco) 1,5 page 11. Capítulo I Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, cap. I + «Cartel de propaganda : el hogar para los niños refugiados» 1,5 page 12. Capítulo III Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo III foto «Plaza de Sant Agusti Velle» Barcelona, 1946. 1,5 page 13. Capítulo VI Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo VI + foto «Juan Carlos y Franco» 1,5 page 14. Capítulo IX Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo IX + datos sobre los 25 años del régimen franquista,1939-1964. 1,5 page 6 Recueil Bac-ES01-09 15. Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse caballero Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, parte I, capítulo III, 1605 + fotos «La venta del Quijote» 1,5 page 16. Fragmento del capítulo XVII, parte II (1615) Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Parte II - capitulo XVII, 1615 + fotograma de la adaptación del Quijote en TVE 1,5 page Le candidat sera porteur, en vue de l’interrogation, des textes figurant sur cette liste. Le Professeur-rédacteur Le Directeur Eugène BESNARD-JAVAUDIN M. DANDIN Recueil Bac-ES01-09 7 Una granada contra el «corralito» Un jubilado argentino entra armado en una sucursal bancaria y obliga a los empleados a que le entreguen sus ahorros. La desesperación de los ciudadanos argentinos para poder disponer de sus ahorros y sacarlos del bloqueo bancario al que se encuentran sometidos por ley (el corralito), se reflejó ayer en un dramático episodio vivido en la localidad de Tandil, a unos 400 kilómetros al norte de Buenos Aires, donde un hombre de 62 años se presentó en la agencia del banco Bansud y convenció a los empleados de que le reintegraran la totalidad de sus ahorros tras esgrimir una granada de mano que amenazó con hacer explotar. Norberto Roglich fue ayer tal vez el único argentino que logró retirar del banco 22.000 dólares en efectivo (24.691 euros), aunque la tranquilidad le duró poco, ya que fue detenido por la policía acusado de extorsión y tenencia de arma de guerra. Roglich aseguró que la granada no funcionaba y que no entendía muy bien qué pasaba. «Hasta ayer podía circular libremente por Tandil, y hoy estoy arrestado», dijo. El incidente se produjo el mismo día en que entraron en vigor en toda Argentina nuevas normas que flexibilizan la disponibilidad de los fondos del 78% de los depósitos congelados en todo el país. La nueva normativa permite retirar 5.000 dólares que deben ser convertidos en pesos al cambio oficial y además, se ordena el desbloqueo de cuentas para el pago de salarios, impuestos y cancelación total o parcial de deudas. El País, 24/01/2002 (España). Manifestación en Buenos Aires contra el «corralito», enero de 2002. © RAGGIO / BETHA / SIPA. Texte n° 1 1 5 10 15 8 Recueil Bac-ES01-09 Remesas Cada dos meses Elvia García tiene una cita1 a la que no puede faltar. De manera casi religiosa esta colombiana que trabaja en Los Ángeles acude a la oficina local de Western Union para enviarle un giro de dinero a su familia en la ciudad colombiana de Cartago. «A veces son quinientos dólares y otras, trescientos. Por más difícil que me toque, no puedo dejar de mandarle algo a mi mamá», dice. Al igual que Elvia, millones de inmigrantes en las más diversas latitudes cumplen periódicamente el mismo ritual. De hecho un informe reciente del Fondo Multilateral de Inversiones, FOMIN, reveló que las remesas que realizaron los latinoamericanos que viven fuera de sus países de origen ascendieron a la nada despreciable suma de 23.000 millones de dólares durante 2001, una cifra equivalente al 40% de toda la inversión extranjera que recibió la región en el mismo período. Lo ocurrido es consecuencia directa de los altos niveles de inmigración latina en diversos países. Aunque se calcula que el 80% del dinero sale de Estados Unidos, también hay minorías importantes en España, Francia, Italia o incluso Japón. Según un estudio de la firma Bendixen & Associates, cerca de 10 millones de latinos envían remesas de dinero entre siete y ocho veces al año y la suma promedio de cada giro es de US$200. Por cada transacción el pago se acerca al 15%, aunque éste varía según el país de destino y la cantidad. En total, el FOMIN calcula que las empresas de giro de dinero recibieron ingresos por 3.000 millones de dólares durante 2001. De manera que si este costo se puede reducir en una tercera parte, la suma neta que llegaría a América sería mucho mayor. Ésa sería una gran noticia para Elvia García. Sin muchas opciones para mandar el dinero tuvo que acostumbrarse a pagar la comisión que le cobran o conseguir que, de vez en cuando, algún compatriota que viaje a Cartago le haga el favor de llevarle un sobre con dólares a su familia. «He hecho cálculos y el año pasado pagué casi US$400 por enviar la plata. Si me pudiera ahorrar la mitad esa misma plata llegaría a Colombia», dice mientras examina su billetera y hace cuentas sobre cuánto tiempo le queda para mandar la próxima remesa. Ricardo Ávila, Mundo Avianca, abril de 2002 Una sucursal de la Western Union, en los Estados Unidos. D.R. Texte n° 2 5 10 15 20 25 Recueil Bac-ES01-09 9 ¿ Es Cuba una puerta abierta al sida ? El sexo desprotegido que practican muchas personas en Cuba, incluso aquellas que se dedican a la prostitución, se convierte en una puerta abierta de par en par a las enfermedades de transmisión sexual, incluida el SIDA. Estudios realizados desde inicios de la década de 1990 en grupos pequeños de prostitutas coinciden en que en la gran mayoría de los casos, las mujeres que venden sus favores sexuales en la isla no exigen el uso del condón al cliente. Aunque no se conoce de investigaciones entre hombres con conductas prostituidas, al parecer en la mentalidad masculina también triunfa el rechazo al preservativo por la concepción bastante generalizada en Cuba de que inhibe el placer. (…) Entre enero y noviembre del año 2001, fueron detectadas en Cuba unas 30 personas con conductas prostituidas. « En ese grupo el número de hombres infectados es muy superior que en el de las mujeres », reveló [el doctor Jorge Pérez, director del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí.]. (…) LAS CIFRAS Hasta finales de noviembre del 2001 se habían detectado 3 775 personas seropositivas al VIH, de los cuales 1 460 habían enfermado y 941 muerto, de ellos 57 por causas ajenas al sida. De las 2777 personas que viven con el VIH, el 77,9 por ciento son hombres. Con más de 11,2 millones de habitantes, Cuba reporta 0,03 por ciento de infección por VIH, el índice más bajo de la región de América Latina y el Caribe, según informes del Programa de las Naciones Unidas de Lucha contra el sida (ONUSIDA). La vía más común de transmisión es la homo-bisexual. (…). María Isabel Domínguez, investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, reveló (…) que en el primer semestre de 1997 habían sido detectadas 116 personas seropositivas que se dedicaban a la prostitución. Domínguez aseguró entonces que aunque el número era « ínfimo en relación al total » de contagiados, se notaba una seria tendencia al aumento pues en el mismo período de 1995 se había reportado sólo 55 casos. Cinco años después, el Centro de Prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS-SIDA) del Ministerio de Salud Pública tiene un trabajo sostenido con la comunidad homosexual en Ciudad de La Habana, pero la labor ha resultado más difícil entre prostitutas. EL MIEDO « Nos ha resultado muy difícil. Ellas se esconden, tienen temor a ser incluidas en ese grupo de riesgo, a ser controladas. Es muy difícil penetrar. Estamos intentando hacer cosas », dijo María Julía Fernández, especialista de la institución. (…) Estas mujeres con conductas prostituidas « no conocen los riesgos que ocasionan estas enfermedades para su salud » y asumen la relación sexual « sin conciencia de protección » por ninguna de las partes implicadas, añade el estudio. Investigaciones anteriores aseguran que la mayoría de las prostitutas cubanas usa condón « de vez en cuando » y únicamente a pedido del turista que suele llegar a la isla con una sensación de seguridad por los niveles de salud que exhibe la isla. Dalia Acosta cimac | La Habana - martes 14 de octubre de 2003 www.cimacnoticias.com (Agencia de noticias Mejicana « Comunicación e información de la Mujer » en colaboración con la UNIFEM) D.R. Texte n° 3 5 10 15 20 25 30 35 40 www.elveraz.com © El Veraz 10 Recueil Bac-ES01-09 Pájaro tropical (Mario Vargas Llosa, escritor peruano, acaba de leer el libro de memorias « Antes que Anochezca » de Reynaldo Arenas que se publicó de manera póstuma tras el suicidio por sida del autor en Estados Unidos). Todo el que haya leído Antes que anochezca, la autobiografía póstuma de Reynaldo Arenas que ha publicado Tusquets Editores, comprende que se trata de uno de los más estremecedores testimonios que se hayan escrito en nuestra lengua sobre la opresión y la rebeldía (…). Que muchas de sus páginas, dictadas deprisa por un hombre al que un sida terminal iba pudriendo en vida y abrumaba de terribles dolores, estén escritas con el desmaño y crudeza de un material de trabajo sin elaborar, no empobrece el libro. (…) Que, al poner el punto final a este libro, Reynaldo Arenas se matara, para acabar de una manera más digna que aquella que la enfermedad le reservaba, fue un simple trámite. (…) Los panegiristas del régimen tendrían que preguntarse al cerrar su libro : ¿ es esto el hombre nuevo ? ¿ Ésta es la sociedad sana y purificada por tres décadas de socialismo ortodoxo que reemplazó a ese burdel de Estados Unidos manejado por gánsteres que, según el estereotipo, era Cuba antes de Fidel ? He leído la autobiografía de Arenas al mismo tiempo que el libro del periodista Andrés Oppenheimer – Castro’s final hour –, escrito después de una estancia de varios meses en la isla, y lo más punzante del relato de éste no es la falta de libertades elementales, la asfixiante atmósfera de miedo, censura, delaciones y paranoia en que transcurre la vida diaria del cubano, sino, más bien, la omnipresente y desaforada corrupción, el envilecimiento generalizado que el sistema ha producido, convirtiendo, por ejemplo, al juego, el contrabando, la prostitución de menores, el tráfico de divisas, la compraventa de influencias y el robo poco menos que en deportes nacionales. Dudo que ni en los peores momentos de la dictadura de Batista hubieran podido los capitalistas españoles y mexicanos ir a Cuba, como ahora, a disfrutar de adolescentes del sexo de sus preferencias, y a divertirse en playas, cabarets, hoteles y restaurantes exclusivos para extranjeros, bajo la protección de la policía del régimen. Todo ello se ve venir, como inevitable corolario del feroz monolitismo y rigidez del sistema, en las páginas donde Reynaldo Arenas narra su juventud de becario y brigadista, primero, y, luego, de contador agrario, bibliotecario, burócrata, escritor disidente y a salto de mata, prófugo, presidiario y lumpen, vagabundo y excrecencia social hasta que, debido a una feliz combinación del azar y los galimatías burocráticos, puede escapar de su país, con la riada de marielitos, en 1980. Antes, había intentado huir un par de veces, lanzándose al mar en una llanta de automóvil, sin brújula ni reino, y ganando la base de Guantánamo, tentativa en la que se salvó de milagro de ser devorado por cocodrilos o borrado por cargas de fusilería. Además, durante cerca de dos meses, vivió como un mono, literalmente, en lo alto de los árboles de un parque público, fue torturado y acosado sin descanso por la policía y por delatores del gremio literario, fracasó en dos intentos de suicidio y, con un grupo de hombres y mujeres tan marginales y apestados como él, sobrevivió muchos meses saqueando y desguazando un convento. Mario Vargas Llosa 15/06/1992. El País Texte n° 4 5 10 15 20 25 30 35 40 Recueil Bac-ES01-09 11 Texte n° 5 No son extranjeros, son turistas (En los años 50-60, el gobierno de Franco decidió abrir el país al turismo para dinamizar la economía. Los millones de visitantes de la Europa rica permitieron equilibrar la balanza de pago española al introducir marcos alemanes, libras esterlinas o francos en el circuito económico.) La primera vez que vi un turista podía yo tener cosa de 14 o 15, a finales de la década de los años 50. El seco y recio estío castellano caía sobre el mundo como una penitencia y un coche negro se detuvo en la plaza de un pueblo de las cercanías de Madrid donde yo veraneaba. El coche, un Citroën quince ligero, tenía una extraña placa de matrícula de color amarillo que empezaba por números y no por letras, y aparcó en donde le vino en gana al conductor, porque allí en la plaza no había más vehículo de transporte que un desvencijado autobús de línea que, como siempre, salía para la capital con retraso, y dos burros cargados con serones de esparto que sus dueños habían amarrado al pilón de la fuente. La gente se protegía del calor a la sombra y todo el mundo miró con curiosidad a los extraños. «Deben de ser extranjeros», comentó alguien cuando un hombre armado con una cámara de fotos y una mujer de larga melena rubia bajaron del automóvil y comenzaron a caminar hacia el centro de la explanada. En un extremo de la plaza, se alzaba una gran iglesia del siglo XVIII que era el orgullo monumental del pueblo. Yo pensé que aquella pareja de extranjeros iban a fotografiar la esbelta torre del templo. Pero no sucedió como imaginaba. La mujer, que era hermosa y vestía pantalones azules y blusa amarilla, se colocó entre los dos burros y el hombre disparó un par de instantáneas. Luego, ella se retiró y él ocupó su lugar para ser fotografiado a su vez junto a los asnos, sentado en el borde del pilón y mostrando unos lustrosos muslos bajo el pantalón corto. Para terminar, los animales fueron retratados por separado y el extranjero tomó detalles de sus cabezas. Luego, la pareja regresó al coche y el vehículo se largó del pueblo perdiéndose entre viñedos. Nadie de cuantos nos congregábamos en los soportales había dejado de interesarse por la escena, tan extraordinaria en aquellos días. Los hombres de aquel pueblo gastaban pantalones de pana oscura, camisas blancas abrochadas hasta el último botón y boina negra. Las mujeres usaban vestidos de una pieza, por lo general negros, y un ocasional pañolón sujetando sus cabellos. Eso de ver una mujer con pantalones les hacía a marimacho, mientras que un hombre sin boina y calzón corto era cuanto menos sospechoso. Pero, sobre todo, lo que había dejado al personal pasmado era que fotografiasen los asnos y no la catedral. «Es la primera vez que le hacen una foto a la burra», dijo un paisano, «Mi Mariposa no se ha visto en otra». «Los extranjeros, ya se sabe», añadió un viejo, «son muy raros». Y un tercer vecino, que alardeaba de conocer mundo, concluyó satisfecho y terminantes «No son extranjeros, son turistas». El Semanal, 17/08/1998 Cartel promocional de turismo 5 10 15 20 25 30 35 12 Recueil Bac-ES01-09 Discurso del Rey Juan Carlos del 11 de marzo de 2004 « La barbarie terrorista ha sumido hoy a España en el más profundo dolor, repulsa e indignación. Hombres, mujeres y niños, ciudadanos libres de todas las edades y ocupaciones, incluso de otros países, que se acercaban a sus destinos, escuelas y trabajos, se han encontrado brutalmente confrontados con la muerte y el sufrimiento. Un escenario de pesadilla se ha apoderado de todos los hogares españoles para mostrar la cara más cruel y asesina del terrorismo. En estos trágicos momentos, quiero hacer llegar a las familias de las víctimas mi más profundo afecto y el de toda Mi Familia. Con todos querría fundirme en un abrazo cargado de consuelo y tristeza. Siempre estaremos con vosotros, con todos aquellos que sufren las consecuencias de una locura macabra sin justificación posible. Estos repugnantes atentados sólo merecen la más enérgica y absoluta condena. También me dirijo a los heridos y a sus familias, para expresarles nuestro calor, nuestra cercanía y nuestro deseo de pronta recuperación. Vuestro Rey sufre con todos vosotros, comparte vuestra indignación, y confía en la fortaleza y eficacia del Estado de Derecho para que tan viles y cobardes asesinos caigan en manos de la Justicia, y cumplan en prisión todas las penas que los Tribunales les impongan. Habrán de dar cuenta de sus crímenes, de forma irremisible. Los servicios públicos y los ciudadanos de Madrid, siempre generosos, se han crecido en la tragedia para mostrar su entrega solidaria, su esfuerzo y colaboración. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad no cesan en su labor en defensa de nuestras libertades. La España de buen corazón ha vibrado una vez más ofreciendo su ayuda material y apoyo moral. A todos, nuestro agradecimiento más profundo. El desaliento no está hecho para los españoles. Somos un gran país, que ha demostrado con creces su capacidad para superar retos y dificultades. Un país que bien sabe que, frente a la sinrazón y la barbarie, sólo cabe la unidad, la firmeza y la serenidad. Unidad, firmeza y serenidad en la lucha contra el terrorismo, con todos los instrumentos que nos proporciona el Estado de Derecho, redoblando nuestros esfuerzos conjuntos para terminar con esta lacra, contando con la acción policial, la labor de la justicia y la cooperación internacional. Unidad, firmeza y serenidad por encima de las legítimas diferencias de opinión, en torno a la más firme voluntad de convivencia pacífica y democrática, que garantiza nuestra Constitución, expresión soberana del pueblo español. En estas horas de inmenso dolor, los españoles estamos llamados, más que nunca, a reafirmar nuestra determinación de acabar con la violencia terrorista. Que no haya duda. El terrorismo nunca conseguirá sus objetivos. No conseguirá doblegar nuestra fe en la democracia, ni nuestra confianza en el futuro de España.» Emitido por las radios y televisiones españoles Publicado en el diario El Mundo, 12 de marzo de 2004. Texte n° 6 5 10 15 20 25 30 35 Roi d’Espagne Juan Carlos durant l’allocution du 11 mars 2004 après les attentats sur les trains de banlieue de Madrid. © Pool / Reuters Recueil Bac-ES01-09 13 Terribles vacaciones Se supone que el verano es tiempo de frivolidad y que las vacaciones sirven para desconectar la vida cotidiana. Error. No hay más que ver a la mayoría de los tíos en vacaciones. Caras preocupadas, entrecejos fruncidos, andares torpes por todo lo que no sea asfalto o moqueta que es su medio natural. Profundamente incómodos en bañadores y camisetas, añorando la corbata y el traje. Ellos bajan a la playa para dar gusto a su señora y a sus retoños, porque ya que está uno de vacaciones, qué se le va a hacer. -Hijo, tienes una cara, qué te pasa- le pregunta su mujer embadurnándose de abrasivo solar. -No sé, no me encuentro bien. He dormido fatal, me duele el estómago, me va a venir otra vez el mareo que me vino el año pasado y además creo que me dejé el ordenador enchufado. El hombre busca afanosamente en la bolsa de ir a la playa: -¿Dónde has metido mi teléfono? No me digas que se te ha olvidado mi teléfono, que te mato. Ah, no, aquí está. Don Activo empieza a manipular el teléfono celular. -¡Sí! Oye, soy Mariano, ¿está Chus? ¿Qué? No te oigo nada. ¿Tú me oyes a mí? ¿Quién eres? ¿Mercedes? ¿Quién es Mercedes? ¿Oye? ¿Me oyes? ¡Que digo que si me oyes! Nada, no hay manera, y quién será la tal Mercedes. Este aparato es una mierda, me debía de haber comprado e1 carísimo. ¿Lo ves? Ahora no hay servicio. Nada, estoy incomunicado, como si estuviera en una isla desierta del Pacífico. Carmen Rico GODOY, Cambio 16, 15/08/1994 Texte n° 7 Dibujo de Juan Ballesta 5 10 15 20 14 Recueil Bac-ES01-09 Texte n° 8 Tiruliru Soy una forofa de las nuevas tecnologías, pero toda realidad tiene su infierno, y sin duda las centralitas telefónicas automatizadas forman parte del averno informática. Pongamos que llama usted, por ejemplo, a Radio Nacional, o al BBVI, o a cualquier otra de las muchísimas empresas que cuentan con este instrumento de tortura. En cuanto que aparece la vocecilla enlatada me entra el pánico: «Bienvenido al servicio telefónico del banco Tal», dice la máquina; «si desea hacer un ingreso, marque el uno; si desea consultar el saldo, marque el dos; si desea realizar una transferencia pulse almohadilla... », dispara la voz virtual durante un lapso de tiempo interminable, poniéndote la cabeza como un bombo porque, casualmente, tú no quieres ninguna de las posibilidades que te ofrecen (ya se sabe que el ser humano es fastidioso), o porque no te has enterado, en el aturulle, de qué maldita tecla hay que tocar. Entonces el artefacto se calla compasivamente unos instantes y suena el tiruliru de la musiquilla habitual, otro martirio auditivo muy refinado. Pero luego vuelve a entrar la chirriante voz biónica explicando a toda pastilla una nueva tanda de tecleos. Tras darte la monsergas durante diez minutos, el maldito loro suelta al fin la frase mágica: «Si prefiere hablar con alguno de nuestros operadores, permanezca en silencio durante unos segundos». Tú ansías de tal modo poder conectar con un humano que no es que te quedes en silencio, es que entras en catalepsia y ni siquiera respiras. Pese a ello, la centralita no atina a reconocer tu anhelante parálisis y vuelve a recomenzar todo el proceso: Tiruliru, tiruliru... «Bienvenido al servicio telefónico de ... ». 0 bien, con suerte, sí se entera, y entonces te coloca el siguiente mensaje: Tiruliru, tiruliru... «Ahora mismo todos nuestros operadores están ocupados, le rogamos que permanezca a la espera, le atenderemos lo antes posible ... ». Tiruliru, tiruliru... «Ahora mismo ... ». Y así durante un tiempo infinito, porque las empresas, que son la mar de cucas, han decidido despedir a todos los trabajadores innecesarios y a gran parte de los necesarios, y sólo tienen a un empleado de carne y hueso para tropecientos mil clientes. Es un suplicio telefónico y una desfachatez empresarial considerable. Rosa MONTERO, El País, 21/05/2001. Una centralita en los ãnos 60. © Lambert/Archive Photos/ Hulton Archive/ Getty Umages Una centralita automatizada de hoy. D.R. 5 10 15 20 25 Recueil Bac-ES01-09 15 Texte n° 9 El camello Tenía cinco años cuando mi abuelo el coronel me llevó a conocer los animales de un circo que estaba de paso en Aracataca. El que más me llamó la atención fue una especie de caballo maltrecho y desolado con una expresión de madre espantosa. «Es un camello», me dijo el abuelo. Alguien que estaba cerca le salió al paso. «Perdón, coronel», le dijo. «Es un dromedario ». Puedo imaginarme ahora cómo debió sentirse el abuelo de que alguien lo hubiera corregido en presencia del nieto, pero lo superó con una pregunta digna: -¿Cuál es la diferencia? -No la sé -le dijo el otro-, pero éste es un dromedario. El abuelo no era un hombre culto, ni pretendía serlo, pues a los catorce años se había escapado de la clase para irse a tirar tiros en una de las incontables guerras civiles del Caribe, y nunca volvió a la escuela. Pero toda su vida fue consciente de sus vacíos, y tenía una avidez de conocimientos inmediatos que compensaban de sobra sus defectos. Aquella tarde del circo volvió abatido a la casa y me llevó a su sobria oficina con un escritorio de cortina, un ventilador y un librero con un solo libro enorme. Lo consultó con una atención infantil, asimiló las informaciones y comparó los dibujos, y entonces supo él y supe yo para siempre la diferencia entre un dromedario y un camello. Al final me puso el mamotretos en el regazo y me dijo: -Este libro no sólo lo sabe todo, sino que es el único que nunca se equivoca. Era el diccionario de la lengua, sabe Dios cuál y de cuándo, muy viejo y ya a punto de descuadernarse. Tenía en el lomo un Atlas colosal, en cuyos hombros se asentaba la bóveda del universo. «Esto quiere decir -dijo mi abuelo- que los diccionarios tienen que sostener el mundo». Yo no sabía leer ni escribir, pero podía imaginarme cuánta razón tenía el coronel si eran casi dos mil páginas grandes, abigarradas y con dibujos preciosos. En la iglesia me había asombrado el tamaño del misal, pero el diccionario era más grande. Fue como asomarme al mundo entero por primera vez. -¿Cuántas palabras habrá? -pregunté. -Todas -dijo el abuelo. La noche en que conocí el diccionario se me despertó tal curiosidad por las palabras, que aprendí a leer más pronto de lo previsto. Así fue mi primer contacto con el que había de ser el libro fundamental en mi destino de escritor. Gabriel GARCÍA MÁRQUEZ, Prólogo al Diccionario Clave, 1996. 5 10 15 20 25 30 Camello bactriano (Camelus bactrianus) photo Cned. El dromedario o camello arábico (Camelus dromedarius) 16 Recueil Bac-ES01-09 Texte n° 10 5 10 15 20 25 30 35 Máscaras mexicanas (en este capítulo de su libro, Octavio Paz trata de describir la personalidad, la psicología y los valores dominantes entre los mejicanos.) Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado, el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva : máscara el rostro, máscara la sonrisa. Plantado en su arisca soledad, espinoso y cortés a un tiempo, todo le sirve para defenderse : el silencio y la palabra, la cortesía y el desprecio, la ironía y la resignación. Tan celoso de su intimidad como de la ajena, ni siquiera se atreve a rozar con los ojos al vecino: una mirada puede desencadenar la cólera de esas almas cargadas de electricidad. Atraviesa la vida como desollado; todo puede herirle, palabras y sospecha de palabras. Su lenguaje está lleno de reticencias, de figuras y alusiones, de puntos suspensivos; en su silencio hay repliegues, matices, nubarrones, arco iris súbitos, amenazas indescifrables. Aún en la disputa prefiere la expresión velada a la injuria: “Al buen entendedor pocas palabras”. En suma, entre la realidad y su persona se establece una muralla, no por invisible menos infranqueable, de impasibilidad y lejanía. El mexicano siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás. Lejos, también, de sí mismo. (…) El hermetismo es un recurso de nuestro recelo y desconfianza. Muestra que instintivamente consideramos peligroso al medio que nos rodea. Esta reacción se justifica si se piensa en lo que ha sido nuestra historia y en el carácter de la sociedad que hemos creado. La dureza y la hostilidad del ambiente —y esa amenaza, escondida e indefinible, que siempre flota en el aire— nos obligan a cerrarnos al exterior, como esas plantas de la meseta que acumulan sus jugos tras una cáscara espinosa. Pero esta conducta, legítima en su origen, se ha convertido en un mecanismo que funciona solo, automáticamente. Ante la simpatía y la dulzura nuestra respuesta es la reserva, pues no sabemos si esos sentimientos son verdaderos o simulados. Y además, nuestra integridad masculina corre tanto peligro ante la benevolencia como ante la hostilidad. Toda abertura de nuestro ser entraña una disminución de nuestra hombría. (…) Todas esas expresiones revelan que el mexicano considera la vida como lucha, concepción que no lo distingue del resto de los hombres modernos. El ideal de hombría para los otros pueblos consiste en una abierta y agresiva disposición al combate; nosotros acentuamos el carácter defensivo, listos a repeler el ataque. El “macho” es un ser hermético, encerrado en sí mismo, capaz de guardarse y guardar lo que se le confía. La hombría se mide por la invulnerabilidad ante las armas enemigas o ante los impactos del mundo exterior. El estoicismo es la más alta de nuestras virtudes guerreras y políticas. Nuestra historia está llena de frases y episodios que revelan la indiferencia de nuestros héroes ante el dolor o el peligro. Desde niños nos enseñan a sufrir con dignidad las derrotas, concepción que no carece de grandeza. Y si no todos somos estoicos e impasibles —como Juárez y Cuauhtémoc— al menos procuramos ser resignados, pacientes y sufridos. La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad. Octavio Paz, El laberinto de la soledad, Máscaras Mejicanas, 1950 Fusilamiento, 1917, Augustin Victor Casasola, fotógrafo de la revolución mejicana. Desfile Zapatista, José Clemente Orozco, pintor mejicano 1931 (óleo sobre lienzo 114x139). Recueil Bac-ES01-09 17 Capítulo I (el inspector viene a la Casa de Familia, un orfanato, para buscar a Rosita, niña pre adolescente. Está hablando con la directora que también es su cuñada, la hermana de su esposa.) Finalmente el inspector dijo: -Vengo por Rosita. Han cogido al hombre que la violó. (…)Su cuñada se había vuelto y lo miraba asustada. -¿Estás seguro? ¿De verdad es él? -Yo no he llevado el asunto. Pero seguro. Ella no le quitaba ojo. Observó el furor dormido de sus pómulos altos, sembrados de negras espinillas. -¿Y qué quieres de Rosita? No veo la necesidad de decírselo. -Tú nunca ves nada -gruñó el inspector volviéndole la espalda. La niña tiene que identificarlo. Vengo para llevarla al Clínico. -¿Al Clínico? -Está muerto. El inspector se paseaba como si tuviera los tobillos atados. (…) Explicó que esta madrugada lo habían encontrado tirado en un callejón del Guinardó, con el cuello roto y apestando a vino; un perdulario, un muerto de hambre. En Jefatura creían que podía ser el mismo degenerado que ultrajó a Rosita. -Es un momento -añadió-. Yo estaré a su lado. -Pero qué más da, si está muerto. Dios lo haya perdonado. Sea o no sea, qué puede importarle a la criatura. (…) Pues no me gusta que vaya, no señor -decía la directora-. ¿Por qué crees que la mandé con las monjas después de aquello? Le ha costado mucho recuperarse, más de un año. Es una crueldad que vea a ese hombre y tú deberías impedirlo. -Yo no sé nada -gruñó el inspector-. Yo la orden que tengo es de llevarla al depósito del Clínico. Volvió a dejar los tebeos sobre la mesa. El sudor había chupado la tinta y tenía los dedos tiznados. Arrugando la nariz explicó que, en estos casos, al muerto lo suelen «arreglar» antes de proceder a su identificación, de modo que estuviera presentable, precisando: «Lo lavan con jabón y una esponja». No quiso ahorrarle a su cuñada ningún detalle: Rosita lo vería limpio de sangre, mugre y piojos, e incluso peinado y afeitado. -No somos tan animales. -Es tu trabajo y te gusta, y allá tú -dijo ella-. Nunca has servido para otra cosa, y ya eres viejo. Pero Rosita es todavía una niña. ¿Y si no quiere ir? No creas que se la maneja así como así. -Que venga. Hablaré con ella. -No está. Rosita tenía mucho trabajo, compromisos que no podía eludir: «Aquí no vivimos del aire, señor mío», entonó mientras descosía el cuello de una camisa. Su ojo rapiñoso y acusador fulminó los hombros de su cuñado sucios de caspa. De las niñas que trabajaban fuera de la Casa, prosiguió, Rosita, era la más activa y eficiente y su aportación a la economía doméstica resultaba decisiva a final de mes. Justamente los martes por la tarde apenas disponía de tiempo, a veces no volvía hasta las diez de la noche. -Lo tendré en cuenta, dijo el inspector-. ¿Dónde está ahora? Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, cap.I Texte n° 11 5 10 15 20 25 30 35 40 45 Cartel encontrado en : http://oliba.uoc.es/nens/index.htm 18 Recueil Bac-ES01-09 Capítulo III (La acción pasa el martes 8 de mayo de 1945) El inspector se extrañaba en las esquinas. El día transpiraba una flojera laboral impropia, una conmemoración furtiva. La gente pasaba por su lado sin ruido de pisadas y sin voz, soltando resabios de ansiedad. Creyó oír el timbre festivo de bicicletas de paseo y murmullos de terrazas concurridas, siseos de sifón en gruesas copas de vermut, una seda rasgada, un apagado rumor de domingo al mediodía. «Pero hoy no es domingo», se dijo. Dos muchachas de labios muy pintados y pelo ondulado corrían cogidas del brazo hacia la parada del 24, riéndose. (…) (más tarde, visita a sus antiguos colegas de la comisaría del Guinardó) «¿Qué pasa hoy, que tienes a todo el personal en danza?», preguntó, y el comisario lo miró aún más extrañado que antes, cuando le vio extraviarse en los sótanos de la memoria. «Pero tú de dónde vienes», gruñó: «¿No has leído la circular del Gobierno Civil?» El inspector se alarmó al presentir otro embrollo en su mente. El caso es que hoy no había pasado por Jefatura, dijo. Recibió por teléfono la orden de presentarse en el Clínico, donde estuvo tocándose la pera hasta las tres de la tarde, esperando a uno de Homicidios que le dio plantón; llamó a la Brigada y le dijeron que no esperara a nadie, que lo único que debía hacer era buscar a la niña y llevarla al depósito y que identificara el cadáver en su presencia; al muerto ni siquiera lo destapó para verle la cara, quienquiera que fuese le tenía sin cuidado, este servicio le ponía de mala hostia. Se lo habían endosado a él solamente porque conocía a Rosita y porque la directora de la Casa era su cuñada... El comisario no le prestaba mucha atención. -Pero no quiere ir, la cabrona -añadió el inspector-, no quiere verle ni en pintura. Esperó inútilmente algún comentario del comisario y luego pensó, bueno, tengo toda la tarde para convencerla. Entonces vio al mallorquín acercarse de nuevo con paso decidido y un fajo de impresos en la mano. El flequillo cabalgaba sobre su frente con determinación de cretino. -Ahora -dijo el inspector como si hablara solo- tengo pocas cosas que hacer y me gusta hacerlas despacio. El comisario, que hojeaba unas minutas recostado en el canto de la mesa, lo escrutó con su mirada afable y sombría. Acabarás en Archivos o en Pasaportes, pensó. -Pues aquí -murmuró cogiendo distraídamente los impresos que le tendía Porcar-hemos tenido una mañana bastante movida. -¿Y eso? -Hombre, por lo de los boches -terció Porcar-. Parece que algunos lo están celebrando. Había conatos de huelga y un alegre trajín de hojas clandestinas, en el fondo una bobada: ni que los aliados fueran a llegar mañana mismo. «Los exaltados de siempre», añadió. A través de los enlaces sindicales, las comisarías estaban recibiendo listas de gente que no se había presentado al trabajo o que lo había abandonado, y se estaba procediendo a su detención. Las medidas preventivas dictadas por el Gobierno Civil no indicaban en absoluto una situación de alarma. Las diligencias y los interrogatorios revelaban falta de coordinación y para muchos la derrota alemana no era mas que una excusa para ir a entromparse a la taberna. «Nada, ganas de fastidiar», concluyó el comisario: «Este jolgorio estaba previsto, se veía venir desde el desembarco de Normandía». Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo III. Texte n° 12 5 10 15 20 25 30 35 40 45 Plaça de Sant Agusti Velle Barcelona 1946, Otho Lloyd Recueil Bac-ES01-09 19 Capítulo VI (Rosita tiene que ir a fregar a la casa de la abuela Maya ) Rosita indicó al inspector el banco de madera. -Puede esperarme aquí y descabezar un sueñecito... -Iré contigo. -Que no puede ser, caray*. ¿Qué pensará la abuela si me ve llegar con un policía? -Nada. Ya te he dicho que me conoce. Lo invitaría a una copa de coñac, como hacía antes; en alguna ocasión incluso lo había obsequiado con una bolsita de café bien tostado. Rosita lo interrumpió nerviosa: «Usted cree que me quiero escapar de ver al muerto, pero le juro que no. Se lo juro», y se persignó trazando un furioso garabato. Prometía volver antes de media hora y dejarse llevar al Clínico, aunque allí le diera un patatús al ver al muerto; que seguro que le daba. -Pero ahora déjeme ir sola -suplicó-. Por favor. El inspector miró en torno suyo con creciente desasosiego. Se acercó al banco y Rosita lo siguió. -Es que no me fío. Me has estado liando toda la tarde. La niña lanzó un bufido y giró sobre los talones como una peonza. «No se me ponga cascarrabias otra vez, que le dejo plantado con su fiambre, ¿estamos?», dijo mirando al otro lado de la plaza. (...) -Muy bien -masculló Rosita dejándose caer sentada en el banco-. Pues se acabó. No vamos a ninguna parte. Sacó del capacho el cuaderno de la Galería Dramática Salesiana y lo abrió de un manotazo: -Estudiaré un rato mi papel, luego iré al ensayo y adiós muy buenas. Ya pueden irse a hacer gárgaras usted y el muerto. (...) El inspector se deslizó sobre el banco acercándose a ella. -Trae acá. -Le quitó el cuaderno-. A ver si te lo sabes de memoria. -No necesito su ayuda para nada. Además, usted no entiende de eso.(...) -Veamos si te lo sabes bien. Yo te sigo. -Si me equivoco, avise.(...) (Rosita recita su papel) «Te lo sabes», dijo, «pero hablas como una furcia y no como una santa.» Cruzó las manos sobre la barriga y entornó los ojos. -¡Y usted no tiene sensibilidad de poesía ni de na! ¡Usted hoy se ha levantado de mala uva y con la idea malaje de llevarme a ver a un muerto...! El inspector miraba escupir lentamente a los viejos en el umbral del sueño. -Yo no quería llevarte a ningún lado, hija -dijo sosegadamente-. Yo hoy quería pegarme un caramelo en la cabeza. -¡Pero qué rarito es usted, ondia*! -Está bien, vete -dijo de pronto-. Anda, vete. ¡Fuera! Rosita se levantó de un salto y cargó con la capilla. «No tardaré, de veras», dijo sin contener su alegría y echando a correr. Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo VI *ce sont des « jurons atténués », peu vulgaires El futuro rey Juan Carlos con el viejo general Franco en 1974. Texte n° 13 5 10 15 20 25 30 35 20 Recueil Bac-ES01-09 Texte n° 14 5 10 15 20 25 30 35 40 Capítulo IX (Rosita y el inspector están en el depósito del clínico para reconocer el cadáver) El inspector alzó el borde de la sábana y Rosita miró cabizbaja y ceñuda como si fuera a embestir. -No es él -dijo inmediatamente. -Acércate más. -Que no es. Que no. -Aún no le has mirado. ¡Acércate, te digo! Rosita obedeció, abrazando la capilla con fuerza. El intenso olor a amoníaco estimuló sus nervios. Pero el muerto no la impresionó, no avivó en su mente la fogata ni el espanto. Miró de cerca el rostro magullado pero sereno de un hombre joven, bien peinado, con barba rala de tres o cuatro días. La boca inflada y entreabierta, con un frunce en el labio superior que la desfiguraba, dejaba ver una dentadura blanca y prieta, y los párpados de cera, semicerrados, sin pestañas, una mirada vidriosa y azul. -Que no. Era mucho mayor, y más flaco. -Está desfigurado. Mírale bien. El inspector retiró un poco más el lienzo y descubrió los hombros y el pecho lampiño, deprimido. Rosita dio un respingo y apartó bruscamente la cara. El inspector captó el tufillo zorruno de su miedo y dijo: «Sólo tienes que hacer un gesto con la cabeza». Entonces vio, lo mismo que ella, los hematomas en los flancos, las erosiones y las quemaduras. Debajo de la tetilla, dos orificios limpios y simétricos soltaban una agüilla rosada. Los pies eran una pulpa machacada, sin uñas. «Vaya chapuza», pensó. Empezó a discurrir rápidamente. Lanzó a la niña una mirada preventiva: -Debió caerse desde muy alto -dijo, y volvió a taparlo hasta el cuello. Ella no sabía adonde mirar. Se puso pálida. -Déjeme ir. Por favor, déjeme ir... Y en sus ojos contritos y extraviados, el inspector leyó su propio discurrir. Ninguna caída, ni desde la azotea más alta, podía haber causado este concienzudo descalabro, esta aflicción de la carne. -Esta mañana no le vi. Te habría evitado esto... -dijo el inspector-. ¿Te sientes mal? Rosita asintió: -Me quiero ir, haga el favor. El estómago le rebrincaba y sentía resbalar las plantas de los pies en las sandalias de goma, que no conseguía despegar de la pringue de las baldosas. Afirmó los brazos en torno a la capilla y aplastó la boca contra ella, inflando los carrillos. «En el pasillo, a la izquierda», se apresuró a indicarle el inspector, y ella logró moverse por fin y echó a correr. Dejó la puerta abierta y volvió la cabeza creyendo que el inspector la seguía. Pero él no se movió. Una vez solo, el inspector supo que no volvería a verla. Esperó hasta oír apagarse el chapoteo de las sandalias en el silencio del corredor, y luego apoyó ambas manos al borde de la camilla; tensos los brazos, se inclinó muy despacio sobre el rostro del cadáver como si fuera a mirarse en el agua. Lo mismo da, se dijo. La identidad real del difunto y la que ahora le otorgaba esa niña simplemente con venir a verle, dando así carpetazo a un error de la Brigada, al celo rabioso o a la negligencia de algún funcionario, le tenían por completo sin cuidado. Y lo mismo debía ocurrirle a ella; nada que no pudiera arreglarse con volver la cara y vomitar, siempre y cuando se tuviera estómago para hacerlo... Consideró entonces la falacia ambulante que representaba la huérfana, la añagaza piadosa de su peregrinaje con la capilla, su solitaria ronda al borde del hambre y la prostitución y esta última e involuntaria aportación a la mentira: sólo con mirarle, enviaba a este infeliz al anonimato, enterrado bajo una espesa capa de cal en la pedregosa ladera de Montjuich. Juan Marsé, Ronda del Guinardó, 1984, capítulo IX España 1939 - 1964 : « 25 años de paz » (cifras redondeadas) 1935-1940 1962-1963 Parque nacional de vehículos (número de coches, camiones, etc. ) 137 000 1 700 000 Beneficiarios de seguro de enfermedad 7 700 000 15 000 000 Pesca (en millones de toneladas) 440 000 935 000 Niños fallecidos menores de 1 año 70 000 21 000 Establecimientos maternales, mujeres asistidas 18 800 61 000 Flota mercante (número de buques) 950 2 000 Tráfico aéreo, (número de pasajeros transportados) 81 000 5 200 000 Consultar la página http://www.aureliojimenez.com/64h.html en Internet para ver algunos carteles de 1964. Recueil Bac-ES01-09 21 Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse caballero (Alonso Quijano salió de su casa vestido con la armadura de sus antepasados para buscar las aventuras, pero descubre muy preocupado que no fue armado caballero. Entra en una venta1 que imagina ser castillo para que el señor del lugar le arme caballero.) Y así, fatigado deste pensamiento, abrevió su venteril y limitada cena; la cual acabada, llamó al ventero y, encerrándose con él en la caballeriza, se hincó de rodillas ante él, diciéndole : - No me levantaré jamás de donde estoy, valeroso caballero, fasta que la vuestra cortesía me otorgue un don que pedirle quiero, el cual redundará en alabanza vuestra y en pro del género humano. El ventero, que vio a su huésped a sus pies y oyó semejantes razones, estaba confuso mirándole, sin saber qué hacerse ni decirle, y porfiaba con él que se levantase, y jamás quiso, hasta que le hubo de decir que él le otorgaba el don que le pedía. - No esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra, señor mío – respondió don Quijote – ; y así, os digo que el don que os he pedido, y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado, es que mañana en aquel día me habéis de armar caballero, y esta noche en la capilla deste vuestro castillo velaré las armas; y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que tanto deseo, para poder, como se debe, ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras, en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejantes fazañas es inclinado. El ventero, que, como está dicho, era un poco socarrón y ya tenía algunos barruntos de la falta de juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando acabó de oírle semejantes razones, y, por tener qué reír aquella noche, determinó de seguirle el humor ; y así, le dijo que andaba muy acertado en lo que deseaba y pedía, y que tal prosupuesto era propio y natural de los caballeros tan principales como él parecía y como su gallarda presencia mostraba ; y que él, ansimesmo, en los años de su mocedad, se había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo y otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies, sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos pupilos y, finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España ; y que, a lo último, se había venido a recoger a aquel su castillo, donde vivía con su hacienda y con las ajenas, recogiendo en él a todos los caballeros andantes, de cualquiera calidad y condición que fuesen, sólo por la mucha afición que les tenía y porque partiesen con él de sus haberes, en pago de su buen deseo. (...) Preguntóle si traía dineros ; respondió don Quijote que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído. A esto dijo el ventero que se engañaba ; que, (...) tuviese por cierto y averiguado que todos los caballeros andantes, de que tantos libros están llenos y atestados, llevaban bien herradas las bolsas, por lo que pudiese sucederles (...) Mas que, en tanto que esto no hubiese, tuvieron los pasados caballeros por cosa acertada que sus escuderos fuesen proveídos de dineros y de otras cosas necesarias, como eran hilas y ungüentos para curarse ; y, cuando sucedía que los tales caballeros no tenían escuderos, que eran pocas y raras veces, ellos mesmos lo llevaban todo en unas alforjas muy sutiles, (...) Prometióle don Quijote de hacer lo que se le aconsejaba con toda puntualidad (...) Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, parte I, capítulo III, 1605. Restaurante típico « La Venta del Quijote » - Bodega Bar - El Molino 4. 13650. Puerto Lápice. (Ciudad Real) (Autovía de Andalucía A-4, km 136). Texte n° 15 5 10 15 20 25 30 22 Recueil Bac-ES01-09 Fragmento del capítulo XVII, parte II (1615) Llegó en esto el carro de las banderas, en el cual no venía otra gente que el carretero, en las mulas, y un hombre sentado en la delantera. Púsose don Quijote delante y dijo : - ¿ Adónde vais, hermanos ? ¿ Qué carro es éste, qué lleváis en él y qué banderas son aquéstas ? A lo que respondió el carretero : - El carro es mío ; lo que va en él son dos bravos leones enjaulados, que el general de Orán envía a la corte, presentados a Su Majestad ; las banderas son del rey nuestro señor, en señal que aquí va cosa suya. - Y ¿ son grandes los leones ? - preguntó don Quijote. - Tan grandes – respondió el hombre que iba a la puerta del carro – que no han pasado mayores ni tan grandes de África a España jamás ; y yo soy el leonero, y he pasado otros ; pero como éstos, ninguno. Son hembra y macho ; el macho va en esta jaula primera, y la hembra en la de atrás ; y ahora van hambrientos porque no han comido hoy ; y así, vuesa merced se desvíe ; que es menester llegar presto donde les demos de comer. A lo que dijo don Quijote sonriéndose un poco : - ¿ Leoncitos a mí ? ¿ A mí leoncitos, y a tales horas ? Pues ¡por Dios que han de ver esos señores que acá los envían si soy yo hombre que se espanta de leones! Apeaos, buen hombre, y pues sois el leonero, abrid esas jaulas y echadme esas bestias fuera ; que en mitad desta campaña les daré a conocer quién es don Quijote de la Mancha, a despecho y pesar de los encantadores que a mí los envían. (…) Oído lo cual por Sancho, con lágrimas en los ojos le suplicó desistiese de tal empresa, en cuya comparación habían sido tortas y pan pintado la de los molinos de viento y la temerosa de los batanes*, y, finalmente, todas las hazañas que había acometido en todo el discurso de su vida. - Mire, señor – decía Sancho –, que aquí no hay encanto ni cosa que lo valga, que yo he visto por entre las verjas y resquicios de la jaula una uña de león verdadero, y saco por ella que el tal león, cuya debe de ser la tal uña, es mayor que una montaña. - El miedo, a lo menos – respondió don Quijote –, te le hará parecer mayor que la mitad del mundo. Retírate, Sancho, y déjame ; y si aquí muriere, ya sabes nuestro antiguo concierto: acudirás a Dulcinea, y no te digo más. (…) Visto el leonero ya puesto en postura a don Quijote, y que no podía dejar de soltar al león macho, so pena de caer en la desgracia del indignado y atrevido caballero, abrió de par en par la primera jaula, donde estaba, como se ha dicho, el león, el cual pareció de grandeza extraordinaria y de espantable y fea catadura. Lo primero que hizo fue revolverse en la jaula, donde venía echado, y tender la garra, y desperezarse todo ; abrió luego la boca y bostezó11 muy despacio, y con casi dos palmos de lengua que sacó fuera se despolvoreó los ojos y se lavó el rostro ; hecho esto, sacó la cabeza fuera de la jaula y miró a todas partes con los ojos hechos brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad. Sólo don Quijote lo miraba atentamente, deseando que saltase ya del carro y viniese con él a las manos, entre las cuales pensaba hacerle pedazos. Hasta aquí llegó el extremo de su jamás vista locura. Pero el generoso león, más comedido que arrogante, no haciendo caso de niñerías ni de bravatas, después de haber mirado a una y otra parte, como se ha dicho, volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes a don Quijote, y con gran flema y remanso se volvió a echar en la jaula ; viendo lo cual don Quijote, mandó al leonero que le diese de palos y le irritase para echarle fuera. Eso no haré yo – respondió el leonero -; porque si yo le instigo, el primero a quien hará pedazos será a mí mismo. Vuesa merced, señor caballero, se contente con lo hecho, que es Texte n° 16 5 10 15 20 25 30 35 40 45 Recueil Bac-ES01-09 23 todo lo que puede decirse en género de valentía, y no quiera tentar segunda fortuna. El león tiene abierta la puerta : en su mano está salir o no salir ; pero pues no ha salido hasta ahora, no saldrá en todo el día. La grandeza del corazón de vuesa merced ya está bien declarada : ningún bravo peleante, según a mí se me alcanza, está obligado a más que a desafiar a su enemigo y esperarle en campaña ; y si el contrario no acude, en él se queda la infamia, y el esperante gana la corona del vencimiento. - Así es verdad – respondió don Quijote – : cierra, amigo, la puerta, y dame por testimonio en la mejor forma que pudieres lo que aquí me has visto hacer ; conviene a saber: como tú abriste al león, yo lo esperé, él no salió, volvíle a esperar, volvió a no salir y volvióse a acostar. No debo más, y encantos afuera, y Dios ayude a la razón y a la verdad y a la verdadera caballería ; y cierra como he dicho, en tanto que hago señas a los huidos y ausentes, para que sepan de tu boca esta hazaña. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, PARTE II - CAPITULO XVII, 1615 * la aventura de los batanes (parte I, capítulo XX) : Sancho Panza y Don Quijote permanecen toda una noche paralizados por el miedo provocado por un ruido terrible y continuo, como de monstruos mecánicos. La noche sin luna les impide ver qué es el orígen de este terrible estrépito (vacarme). Cuando se levanta el sol, descubren que estaban al lado de unos batanes (molino de agua) movidos por un río. 50 55 Fernando Rey y Alfredo Landa en la excelente adaptación de Manuel Gutiérrez Aragón para la televisión española (TVE) en 1991.
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