J'ai besoin d'une aide pour mon DM d'espagnol!
J'aurais souhaiter que l'on m'aide pour la traduction, mais aussi à répondre à une question.
La traduction est en rouge dans le texte!
La question: En qué médida este texto tiene todas las caractéristicas de un cuento de Navidad?
Pour cette question je n'ai pas trop d'idée pour ne pas dire aucune! Je ne sais ppas ce que sont le caractèristiques d'un conte de noël! Donc si quelqu'un pouvait m'aider ce serait cool! (mm en français)!
Voila merci a tous ceux qui m'aideront!
P.S: Bonnes fêtes de fin d'années à tous!
Voici le texte:
Aquella vieja de Nochevieja
Eran las doce menos cuarto de la última noche de aquel año. Yo estaba citado en
casa de unos amigos para hacer esa cosa tonta e imprescindible que es tomar las doce uvas a golpe de reloj. Porque nadie ignora que romper dicha costumbre puede arrastrar serios inconvenientes futuros. Por entonces yo era un alevín de periodista que moraba-iba a decir vivía- en una habitación alquilada por tan poco dinero que apenas podía pagarla.
Como digo, eran las doce menos cuarto. La casa de mis amigos estaba cerca,
pues de otro modo no hubiera podido llegar, ya que ni tenía coche, ni moto, ni apenas para el metro. Salí a la calle y una bufanda de oscuridad y frío se me arrolló al cuello.Apenas el menor movimiento. Un autobús muy de cuando en cuando.
Al dar la vuelta a la esquina, como sentada en ella, una vieja tabaquera. Era algo asícomo un bulto arrebujado en trapos oscuros, que sostenía entre sus escuálidas piernas una caja de madera con algunos paquetes de tabaco semivacíos, cuatro chicles y seis caramelos de menta. Caí en la cuenta de que yo estaba sin tabaco, y no podía ir a la casa de mis amigos a pegar la gorra del vicio tabacal
-¿Me da medio paquete de Winston?
-No sé si me quedará medio paquete, hijo. Esta noche lo he vendido casi
todo. Como es Nochevieja...
-¿Y qué hace usted aquí sola, precisamente en esta noche y a esta hora, que
están a punto de sonar las doce?
-¿Y dónde voy a ir? Yo no tengo a nadie. Vivo sola. Tengo parientes, pero todos trabajan. Por eso vivo sola, porque mis parientes trabajan. Y cuando una no "trabaja", y además tiene el pelo blanco y se le hinchan las piernas, pues entonces se tienen menos parientes y se vive más sola. ¿Me entiendes, hijo?
-Sí, claro. Pero usted...
-Yo, qué.
-Que me da no sé qué que se quede aquí, así...
-Gracias, hijo, pero ya estoy acostumbrada. Y tú vete que se te va a hacer tarde. Apenas faltan cuatro o cinco minutos para las doce. Y tienes que tomar las uvas con tus padres.
-Mis padres no están aquí, señora. Voy a casa de unos amigos.
-¡Qué risa! ¡Me llama señora! Yo no soy más que la tía Vicenta. Tengo dos hermanas, casadas y bien casadas, que ésas sí que son señoras. Pero yo, hijo...
Junto a la caja del tabaco vi que tenía una pequeña radio, un transistor.
-¿Funciona esa radio? -le pregunté.
—Claro que funciona.
-¿Me deja que la encienda?
-¿Y para qué?
-Para oír con usted las doce campanadas de la Puerta del Sol
-¿Conmigo? ¡Qué tontería! Anda, anda con tus amigos, que vas a llegar tarde.
-Quiero tomar las uvas con usted - !e dije.
-¿Uvas? ¿Qué uvas? ¿Dónde hay uvas? No, hijo. No tenemos ni eso.
-Entonces haremos una cosa. Ponemos la radio, y cada campanada, hacemos como que nos tragamos un grano de uva. ¿Vale?
-Me parece que tú estás un poco chiflado, hijo. Pero me haces gracia.
-Vamos, encienda la radio. ¡Dése prisa!
La tía Vicenta encendió la radio. Nos llegaba con toda nitidez el ruido de enjambre humano en la Puerta del Sol.
-¿Preparada?
-Tú mandas, hijo. Preparada.
En efecto, segundos después, comenzaron a oírse las campanadas en el reloj de la Puerta del Sol. Y a medida que iban sonando, yo daba una patada en el suelo y me llevaba a los labios un supuesto grano de uva. La tía Vicenta hacía lo mismo, y no dejaba de mirarme a los ojos, que cada vez le brillaban con mayor intensidad. Así, hasta la última campanada, hasta la última uva.
Se abrazó a mi cuello y me dijo:
-Es la mejor Nochevieja que he pasado en mi vida.
-Y yo, señora.
Y me marché. Mis amigos me preguntaron que por qué había llegado tarde.
Pero mis amigos nunca supieron por qué había llegado tarde.
José Luis COLL, Cuentos de Navidad, 31/12/1987.












